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martes, 23 de diciembre de 2014

Meditación psicológica. Parte 2




Retomando lo que se explicó en la primera parte, en este nivel de meditación debemos comenzar la preparación de la mente aprendiendo a enfocarla con voluntad consciente en objetos externos e internos, mediante ejercicios diversos como los mencionados en el artículo anterior. Una vez tenemos un mediano control de la mente como para centrar nuestra atención en aquello que nos interesa realmente, cuando somos capaces mínimamente de darnos cuenta de nuestra dispersión para recobrar la concentración y de “dejar pasar” las ideas circulares  o fijas que nos perturban para continuar en nuestras simples tareas cotidianas, cuando estamos más conscientes de nuestro Presente como única posibilidad de cambio y vivencia plena y enseñamos a nuestra mente a prestar atención a los detalles de las actividades, al disfrute de los pequeños momentos e incluso, al arte de contemplar la belleza oculta de las cosas que nos rodean; entonces podemos decir que estamos listos para la fase de Observación profunda.

Observación: El arte de verse a sí mismo



Esta fase representa el núcleo de la meditación psicológica, siendo la anterior una preparación como hemos señalado, para aprender progresivamente a vernos en “acción”. Si bien el concentrarnos en una actividad e incluso entrar en ese estado de flujo que mencionan algunos psicólogos actuales, es parte también de ese manejo y liberación mental requerido para llevar a cabo nuestras actividades, la Observación profunda o el desarrollo de la Mente Testigo, es una capacidad que está más relacionada con la Inteligencia emocional, como una habilidad para “vernos desde la tribuna” como espectadores de la película de la vida que nosotros mismos protagonizamos. Esta especie de “desdoble” de conciencia, nos permite visualizar nuestros roles actuando como “papeles protagónicos” en las diferentes escenas de la cotidianidad, nos permite identificar nuestras emociones cuando se desbordan o cuando intentan erupcionar desde nuestro interior hacia el exterior en nuestras relaciones o en nuestra solitaria intimidad, nos ayuda a ver lo que hay atrás del escenario, lo que le sucede al “otro” y que detona en nuestras reacciones, y las necesidades de base o de supervivencia del propio ego de las cuales se sustenta para mantener nuestras conductas.
Adquirir esta habilidad o desarrollarla si la tenemos de manera innata como una capacidad de autoanalizarnos, es escalar hasta un punto de nuestra conciencia desde la cual vemos lo que ocurre “desde afuera” y aprendemos a ver de manera cada vez más clara a esos “personajes internos y sus dramas” como aspectos separados de nuestra verdadera identidad.
Para convertir esta capacidad en un hábito y una disciplina no tenemos que esperar a que surja un conflicto que nos confronte a ver en su peor momento a nuestros roles o demonios en pleno drama, que usualmente nos agarran desprevenidos o cansados y con dificultades de autodominio por falta de este entrenamiento. Es muy importante que diariamente nos preguntemos a nosotros mismos sobre nuestro estado emocional, que tengamos un pequeño plan de acción para cada día y organicemos nuestro tiempo, de manera que podamos estar muy atentos en cada acción a realizar; y también es importante evaluar nuestro día, ya que, aunque no hayan explotado bombas de discusiones o conflictos, los roles siempre están actuando y aprender a detectarlos es la habilidad más importante de esta meditación. Solo de esta manera estaremos más despiertos cuando los conflictos o tensiones aparezcan.
La destrucción de roles y la liberación emocional son en sí mismas la función de la Catarsis o Depuración, para lo cual se requiere una ampliación de este proceso en otros artículos. Pero en esta fase, la meditación psicológica nos lleva a identificar cada uno de los participantes de las comedias o dramas que diariamente vivimos. Más allá de sentir que se lograron los “objetivos” del día, o de que experimentemos placer o satisfacción con nuestras actitudes, con una meditación sincera y analítica, podemos aprender a desenmascarar los demonios ocultos de nuestra psique, e incluso reconocer dos de ellos que suelen enceguecer a la mente, a la hora de ver nuestra conducta con ecuanimidad: El rol de Justificador y el rol de Juzgador. Esta pareja de roles, a la que llamo J.J. a menudo hecha por tierra la claridad con la cual nos observamos a nosotros mismos. Por eso son los primeros que recomiendo observar nítidamente.

EL JUSTIFICADOR

Este personaje aparece cuando al momento de meditar con el propósito de revisar una conducta que hemos considerado inapropiada o estaba cargada de emociones densas, comienza a “decirnos mentalmente” que nuestra acción tenía un “porqué”, que “no teníamos o tenemos otra opción”, que “el otro merecía nuestra respuesta” etc. Es el eterno excusador, el que pone el “pero” al momento de ver fríamente nuestras fallas. Cuando logramos ver este pero y lo acallamos, al menos temporalmente, la meditación puede continuarse con la compañía del sabio y humilde silencio, pues no existe ninguna razón que justifique el nutrir nuestras más aberrantes conductas ni nuestros más oscuros pensamientos y emociones.

EL JUZGADOR

Es la cara opuesta del justificador. Es el que nos incita a la culpa por nuestros “fracasos”. Ciertamente, no es fácil verse a sí mismo, pues todos estamos plagados de defectos y de monstruos internos que estropean nuestro avance espiritual. Pero este demonio suele aprovecharse de la más mínima emoción de pena o tristeza ante la realidad de nuestro mundo interior y alimentada por ella comienza a castigarnos –con voces interiores-, por aquellas cosas que hicimos mal, quizás como una proyección inconsciente de esa autoridad infantil que minaba nuestra estima ante nuestras “fallas”. Detectar este Juzgador es muy importante para frenar el crecimiento del poderoso rol de La Víctima, que suele ser una fuerte causa de nuestro estancamiento y durante una meditación debemos ser lo más claros posibles como para no caer en esta trampa de considerarnos inferiores o “lacras humanas” por poseer roles; no solo porque todos tendríamos que estar en esta guerra interior para crecer, sino especialmente porque el Alma “sabe” que ella no está hecha de estas máscaras, sino que es una identidad iluminada por la Luz de nuestro Ser Divino y puede superar todas estas conductas.
Como podemos ver, la práctica de esta meditación ya nos confronta con un mínimo proceso de catarsis al frenar en seco estos dos roles. Sin  embargo una catarsis completa requiere detener a J.J en todo momento y en cada situación, lo cual es un proceso que exige mucha atención de nuestra parte.


¿Cuándo realizar esta fase de la meditación psicológica?

Cuando se comienza el proceso de autoobservación es recomendable tener un momento específico del día para realizarlo. Personalmente sugiero que antes de iniciarlo se comience con ejercicios de la fase 1 (enfoque mental en un objeto externo o interno) y luego realizar un repaso del día para ver sus comportamientos, por lo que es mucho mejor hacer esto antes de dormir. Es muy común visualizar roles que durante el día no percibimos, emociones que estaban ocultas, pensamientos que eran erráticos u obsesivos. Y cuando esta mera observación se realiza junto con la Catarsis, podemos usar el Rayo Violeta como auxiliar para transmutar lo que encontramos con la visualización.
Si bien la canalización del Rayo Violeta es parte de la Meditación de segundo nivel (Conectiva), una vez adquirimos el conocimiento general de los diferentes niveles de meditación  podemos integrarlos a ambos en una misma sesión para apoyar el proceso de Catarsis, solo con El rayo Violeta y el Blanco. A veces podemos avanzar al Rojo dependiendo de los demonios que hemos combatido. Este tema se ampliará en el tema de la Meditación Conectiva.
Una vez logramos la disciplina de destinar un espacio de tiempo para esta meditación, podemos pasar a la fase 3:

Identificación: “Soy mi Alma, soy lo que Soy”



Esta fase consiste simplemente en lograr practicar la meditación psicológica, no solo durante un momento específico del día, sino durante todas nuestras actividades cotidianas. Para esto recomiendo que en cada espacio de su casa o lugar de trabajo tenga elementos de apoyo donde pueda enfocar la mirada y simplemente detenerse a observarlos para luego centrarse en su interior – por ejemplo un cuadro, un punto en un cuaderno, etc.-. Es importante que nos volvamos cada vez más sensibles para detectar nuestras propias emociones, ya que ellas son la “alarma” que se activa en el momento en que aparecen en escena los roles.
A veces suele ser difícil separar emociones-reacciones, ya que suelen presentarse casi de manera inmediata, en especial si están fortalecidos por engramas. Pero la Observación atenta y permanente nos permitirá ver esta situación, darnos cuenta de los patrones de conducta, es decir, esas reacciones y comportamientos repetitivos bajo las mismas circunstancias, provocaciones o estímulos exteriores. Cuando se realiza junto a la catarsis hay un proceso de frenar tales patrones para lo cual requiere constancia y un hábito de esta meditación. Sin embargo, mientras no iniciamos la Catarsis, esta herramienta de detectar nuestros patrones nos dará una idea de la dificultad que tenemos para aislarnos y vernos a la distancia de las situaciones, evitando la personalización (sentirse atacado) de aquello que sucede o nos dicen; y también nos mostrará cuales son nuestros mayores obstáculos –o mejor, nuestros mayores retos- a superar en nuestro trabajo interior. Para cuando se comience la Depuración psicológica, ya tenemos este avance de vernos claramente sin autoengañarnos y podremos reflexionar y hacer anotaciones sobre estas conductas en este proceso.
El logro más crucial en la práctica de esta meditación al alcanzar esta fase final, es la desidentificación con aquello que no pertenece a nuestra verdadera naturaleza. Empezamos a sentirnos ese Testigo silencioso, esa Fuente de luz y calma que nos permite tener claridad para vernos, para aprender la mejor manera de actuar de acuerdo a cada situación que se presente en el día a día, comenzamos a identificarnos con nuestro Yo íntimo y único que somos y ya no como un loco actor que interpreta múltiples dramas sin sentido y sin dirección alguna. Adquirimos la seguridad de que somos un Alma con cuerpo, pensamientos y emociones, pero no estamos poseídos por ellos, sentimos la mediana libertad de decidir más consciente mente por estos aspectos y no ser esclavo de nuestra reactividad.
Mientras no se haga Catarsis siempre seremos meros espectadores de todos estos personajes y estaremos a expensas de situaciones emocionales agitadas. Pero con la mera práctica de esta meditación, sabremos que no somos esas emociones, lo cual es fundamental para fortalecernos y avanzar en las demás prácticas de Integración (Catarsis, Meditación II o Conexión, Purificación de Chakras, Tantra, Yoga) que en su momento procuraremos transmitir.

Síntesis y Recomendaciones



Haciendo un breve recorrido por lo expuesto sobre la Meditación Psicológica podemos realizar las 3 fases sin que se vuelvan rígidas sino adaptadas a las necesidades de cada lector:

FASE 1: ENFOQUE. Preparar el cuerpo y la mente. Es necesario que se inicie tomando conciencia del cuerpo y la respiración. La relajación inicial es una ayuda. Luego comenzar a autopercibirse logrando que la energía vital sea también detectada para centrar nuestra atención en alguno de estos aspectos (respiración, cuerpo físico, energía o aura). Centrar la atención en la observación de objetos o un sonido externo y luego en objetos, figuras o colores visualizados internamente. Estos ejercicios deben realizarse diariamente en momentos específicos del día, elegidos por cada persona. Durante el día practicar la atención plena en cada actividad cotidiana, en algunas acciones concretas que elijamos o en la contemplación de un lugar especial donde podamos estar.

FASE 2: OBSERVACIÓN. A lo largo del día detenerse a observar o reflexionar sobre circunstancias especiales que se presenten y en las cuales involucramos nuestra emotividad y reactividad. Detectar los personajes que “hablaron” por ti en diferentes momentos. Tomar nota de ellos en lo posible y meditar aisladamente sobre ellos al final de día – sin dejar los ejercicios de la fase 1-, y frenando la participación de J.J (justificador-juzgador). Una lista de todos los roles que puedes ir identificando los puedes encontrar en el cuadro inferior del Mapa Psicoespiritual (Ir a la etiqueta “Demonios internos”).



Preguntas que pueden ayudar:
·         ¿Qué estoy sintiendo en este preciso momento?
·         ¿Cómo reacciono ante…(persona, situación, etc)? y ¿cómo afronte este día hoy?
·         ¿Qué estoy pensando sobre…(una persona o situación o cosa)?
·         ¿Qué estoy haciendo en este momento?
·         ¿Cómo respondí o que palabras dije en “x” situación? ¿Quién habló por mí (roles)?

FASE 3: IDENTIFICACIÓN. Utilizar las actividades cotidianas como herramienta para reconocernos como Almas que viven tal experiencia y estar atentos a nuestras emociones, pensamientos y reacciones cuando tengamos oportunidad, sintiendo que somos quien los maneja. Se sugiere para ello realizar momentos de “stand by”, es decir, descansar, respirar, detener lo que hacemos y reflexionar solo para vernos a nosotros mismos. También se pueden realizar pequeñas meditaciones aisladas de 3 a 5 minutos en determinados momentos claves del día donde se puedan realizar ejercicios de enfoque, de autobservación y finalizar con la autopercepción de nuestra Alma, centrando nuestra atención en el chakra cardiaco –“Soy lo que soy”-. Este ejercicio ayuda a centrarnos y recuperar la identificación con nosotros mismos y no con nuestros roles. Además de anotar los roles detectados antes de la meditación nocturna, puedes incluir un espacio frente a cada rol anotado, para escribir las ideas estratégicas que te servirán posteriormente para hacer tu Catarsis, como por ejemplo: Guardar silencio cuando visualices determinado rol, algún método de relajación y respiración en un momento del día o frente a una actividad o persona en particular, disminuir el volumen de la voz al hablar de un tema, etc.
Espero que con estas recomendaciones puedas animarte a convertir la Meditación psicológica en parte de tus actividades diarias y te encuentres en verdad cada día más cerca de ti mismo.


Para asesorías personalizadas ver Orientación Psicoespiritual en la cabecera de este blog.

domingo, 21 de diciembre de 2014

La Conciencia Testigo




La Conciencia Testigo u “Observador Silencioso” es aquel estado en la cual el Alma humana puede tomar posesión de sí misma y ser la espectadora de todos aquellos aspectos que su ego o personalidad expresa en las acciones cotidianas. Estos aspectos son las emociones, los pensamientos, los impulsos, los vicios o compulsiones, las necesidades de supervivencia y las actitudes (roles) que engloban a estos mostrándolos en la relación diaria consigo mismo y con el mundo exterior.
Esta Conciencia es en realidad una capacidad propia de la mente despierta que ha salido del adormilamiento propio del estilo de vida degradante del humano actual o que es usada de manera natural por personas cuya Inteligencia emocional supera al promedio. De cualquier manera es una habilidad que debe desarrollarse y mantenerse durante toda la vida, ya que ella representa el acceso directo hacia el Alma cuando se logra Ver que el ego es solo un instrumento y no nuestra verdadera identidad, y que todo lo que expresa el ego, en especial si se esconde detrás de las máscaras o roles, solo son partes que deben integrarse coordinadamente para actuar en la vida con coherencia.
El desarrollo de esta Conciencia Testigo es un logro que puede alcanzarse mediante la práctica de la Meditación Psicológica (Ver artículos en etiqueta “Meditación”). Uno de los ejercicios que pueden realizarse para afianzarse en esta meditación en su fase de Observación, es el que se plantea en el siguiente texto:

EJERCICIO PARA DESPERTAR LA CONCIENCIA TESTIGO
Fuente: José María Doria, de su libro "Inteligencia del Alma"

Ken Wilber señala un Ejercicio para despertar al Testigo Consciente que se formula así:

Tengo un cuerpo pero no soy mi cuerpo. Puedo ver y sentir, y lo que se puede ver y sentir no es el auténtico Ser que ve. Mi cuerpo puede estar cansado y excitado, enfermo o sano, sentirse ligero o pesado, y eso no tiene nada que ver con mi yo interior. Tengo un cuerpo y no soy mi cuerpo.
Tengo deseos, pero no soy mis deseos Puedo conocer mis deseos y lo que se puede conocer, no es el auténtico Conocedor. Los deseos van y vienen, flotan en mi conciencia y no afectan a mi yo interior. Tengo deseos, y no soy mis deseos. Tengo emociones pero no soy mis emociones. Puedo percibir y sentir mis emociones y lo que se puede percibir y sentir no es el auténtico Perceptor. Las emociones pasan a través de mí, pero no afectan a mi yo interior. Tengo emociones y no soy mis emociones.
Tengo pensamientos pero no soy mis pensamientos. Puedo conocer e intuir mis pensamientos, y lo que puede ser conocido no es el auténtico Conocedor. Los pensamientos vienen a mí y luego me abandonan, y no afectan a mi yo interior. Tengo pensamientos pero no soy mis pensamientos. Soy lo que queda, un puro centro de percepción consciente.
Un testigo inmóvil de todos esos pensamientos, emociones, sentimientos y deseos.

Las escuelas de crecimiento interior afirman que si una persona, cada mañana al despertar y a lo largo de 40 días, persevera en la formulación de este texto, experimentará cambios extraordinarios en la consciencia de su propia identidad. A los pocos días de practicar se observará capaz de mantener un lúcido estado de sosiego en situaciones que anteriormente se vivían como tensas y agitadas. Y conforme se vayan recitando las palabras haciendo consciente su significado, descubrirá que sus emociones, de aversión y de fascinación, se equilibran y se templan. Tras el período de cuarentena, la persona considerará los extremos emocionales tan sólo como olas periféricas y superficiales de la conciencia. Observará que ha despertado la propia identidad Testigo, un estado desde el cual la vida se contempla de manera más ecuánime, sin perder las risas ni las lágrimas de nuestra calidad interna.
Una vez instalado en el Testigo, sucederá que cuando brote el vaivén de sus luces y sombras, usted será espectador de sus tendencias. Si surge una aversión a ese sentimiento, asimismo será usted veedor del mismo. Si la aversión le provoca a su vez aversión, también observará dicho bucle de fuerzas internas. No hay nada que hacer, pero si surge un hacer, lo presenciará en calma. Al entender que todo ello no es “usted”, ya no rechazará sus aflicciones ni se complacerá en ellas.
Aquello que conoce ciertas cosas, no puede tener en su propia naturaleza ninguna de ellas. Es decir, que si por ejemplo, nuestro ojo fuese de color rojo, no sería capaz de percibir los objetos rojos. Asimismo el pez no es consciente del agua, hasta que salta a la superficie y se da cuenta. Hasta que no saltamos por encima de las mareas del pensamiento y lo observamos, no nos percatamos de que no “somos” el pensamiento, sino el Testigo que lo observa. Hasta que no saltemos fuera del océano de la aflicción, no nos daremos cuenta de que no somos la aflicción, sino el Testigo de esa aflicción. El problema está en que el que ve, se identifica con los instrumentos de la visión.


miércoles, 10 de diciembre de 2014

Meditación Psicológica (Parte 1)



Como habíamos anunciado en pasadas oportunidades, ampliaremos cada uno de los niveles que proponemos de meditación.
Si bien en todos los niveles, los principios trinos que nos deben asistir (Inteligencia, Voluntad y Amor) nos guían en todos los procesos de preparación, aplicación y desarrollo de cada meditación, en este primer nivel la principal guía es nuestra Inteligencia, ya que esta nos permitirá la finalidad primera de esta meditación que es el “Aprender a Ver”, para la cual debemos despertar progresivamente varias habilidades relacionadas con la mente y el sano ejercicio del Discernimiento.
Algunos autores subdividen este tipo de meditación más relacionado con nuestro ego o personalidad en varios tipos: La meditación que es instintiva, intuitiva o de conexión innata del hombre con la naturaleza, la meramente intelectual o reflexiva, propia de las personas creativas que “piensan y no son pensados” y la analítica autoperceptiva que es el trabajo más importante de esta meditación psicológica, cuyo objetivo es alcanzar a vernos clara y objetivamente a nosotros mismos, como apoyo a la Depuración Psicológica o Catarsis. En este nivel trataremos de englobar estas formas de meditar pues actúan en conjunto y a veces de manera simultánea.
Hemos mencionado ya de comenzar a entrenar la mente en el autoconocimiento y la capacidad de ver la realidad que nos rodea a la luz de la Inteligencia. La razón como hemos dicho de que este sea el comienzo de nuestra trascendencia, es porque no es posible para un humano mortal como nosotros pretender acceder a lo sagrado, a la Fuente o Dios, como le llamemos, sin conocer primero nuestro Yo básico y especialmente, aquello que nos aleja de esas realidades superiores. Nuestra tarea en este nivel, es entonces despertar a ese “observador silencioso” o Mente Testigo que está siempre presente y que no “sentimos” a causa del intermitente ruido de nuestra legión de voces interiores disonantes que nos hablan y hablan por nosotros: los roles, parásitos, monstruos o demonios internos de los que tanto hemos hablado.
Para ello nos preparamos aprendiendo a enfocar nuestra atención en cosas elementales como primer medida: Objetos, sonidos, imágenes internas, colores, frases, “decretos” y nuestro propio cuerpo, con lo cual logramos un anclaje en el Presente. Luego de descubrir ese “otro”, que parece salido de nosotros mismos, pero que está dentro nuestro y puede ver la película de nuestros pensamientos circulares o fijaciones, de nuestras emociones que se agitan como mar incansable y puede visualizar cómo ha sido nuestra actitud en la vida o en un día o un momento específico, entonces nos permitimos Ser ese observador, o más bien, nos damos cuenta que nuestra Alma es justamente nuestra identidad divina que no juzga, que vigila, nos dirige y lo más importante: es la fuente de nuestras más elevadas cualidades. A continuación miraremos estas tres fases: Enfoque, Observación e Identificación con más detenimiento.


Enfoque: Preparando la mente



Una de las fallas más comunes al intentar el ejercicio de la meditación es que no sabemos manejar nuestra mente básica. Nuestra Mente Superior, propia del Alma es la fuente real de las Inspiraciones más elevadas y Conocimientos superiores que tenemos; sin embargo esta energía se refleja en nuestro ego como una herramienta más densa o concreta: la Mente básica o inferior: llamada por los orientales la “mente de deseos o egoísta”, ya que en esta esfera, la energía mental se convierte en un vehículo para la activación del sistema nervioso central, el “disco duro” de nuestra computadora biológica y “aterriza” aquellos ideales, imágenes inspiradoras, conocimiento ancestral, al mundo de la cotidianidad a través de operaciones básicas como la interpretación, la clasificación, la división, el ordenamiento, la deducción y el entendimiento de las experiencias adquiridas y de las percepciones sensibles del mundo físico. Es esta mente concreta o básica, la que nos permite estar atentos a nuestra realidad inmediata para tomar decisiones sobre nuestras impresiones. Es quien elabora conceptos, justificaciones, explicaciones y nuevas ideas para entender la realidad y reconstruirla, cuando creamos nuestra propia interpretación de ella. Nos permite crear ideas nuevas y reformular nuestros aprendizajes.
Sin embargo, en una gran parte de la humanidad actual, estas habilidades se encuentran sofocadas o atrincheradas, no solo por el efecto de las emociones densas que tienen un poderoso control sobre ellas, sino también por el ambiente en el cual hoy en día se desarrolla, desde nuestra propia infancia: un medio social que nos atiborra de creencias y no de certezas espirituales, de información engañosa y distorsionada, y de preceptos moralistas cargados de rechazo y discriminación. Esta pequeña mente, a lo largo de toda una vida, se ha “atiborrado” de indigesta comida racional producto de una sociedad desintegrada, donde prevalecen intereses espurios y abunda el miedo dominante de toda acción humana.
En medio de esta selva y en conjunto con un mundo interior poco luminoso a causa del miedo, del apego y del rechazo que nos domina, esta pequeña mente se encuentra enmohecida, subutilizada en el mejor de los casos o tremendamente dormida. Es manejada por la corriente de pensamientos ajenos, de las opiniones de parientes, amigos y expertos, de la moda social del momento, de cualquier información que caiga en ella, menos por nosotros mismos. Por eso la primera acción es recobrar el poder de pensar de verdad y una vez recuperado esto proceder al acto de pensar en sí mismo.
En lo primero no nos extenderemos ya que el mero ejercicio de leer estas páginas y de investigar acerca de esas verdades que nos oculta el sistema es señal de que nos hemos atrevido a cuestionar “lo establecido, lo oficial”, aunque no deja de ser importante señalar que quien busca la trascendencia no debe dejar jamás el ejercicio de profundizar en los hechos de la historia humana, en el funcionamiento del mundo y en esa amarga realidad que el humano mortal vive actualmente. Solo así comienza el verdadero despertar de conciencia. No es posible, entonces, acceder a una espiritualidad sin haber abierto los ojos y haber sacado el velo del engaño masivo en el que estamos todos.
Cuando investigamos y “no tragamos entero” lo que nos dicen, sino que pasamos toda información por el tamiz de la razón, el sentido común, en conjunción con nuestra intuición y nuestras experiencias personales, nos encontraremos progresivamente haciendo lo segundo: Pensar por nosotros mismos. Tener criterio propio. Crear nuestro camino.
La meditación psicológica al comienzo implica ser capaces de ser cada vez más objetivos y diferenciar las cosas como son de aquellas que nos parecen, las cuales a menudo son producto de nuestros roles que buscan hacernos creer que todo anda bien en nuestro mundo interior, que somos “felices” a pesar de…, incluso que no tenemos defecto alguno o somos tan espirituales que todo nos resbala. Un espejismo que solo nos sirve para evadir la realidad, como ya se ha mencionado en otro artículo. (Ver: “Falsa espiritualidad: ¿Evadimos nuestra realidad?”)



Este primer paso nos entrena para agudizar el sentido de la observación atenta, esos detalles de la cotidianidad que se nos escapan. Si hemos ya realizado el ejercicio de ser críticos (no pesimistas), con el mundo exterior, también nos será fácil observarnos con sano juicio al interior. ¿Cómo ir logrando esta atención centrada?. Focalizándola inicialmente en cosas concretas y luego en cosas cada vez más abstractas.
Para las personas que no tienen esta habilidad de concentrarse fácilmente en algo, es esencial realizar varios ejercicios que los lleven a aprender a focalizar la atención: desde sentarse a observar un paisaje, luego mirar un lugar específico u objeto de ese paisaje; luego usar elementos geométricos o un punto en la pared, luego visualizar esas figura al interior, o un color determinado, preferiblemente el violeta, luego prestar atención al cuerpo parte por parte, observar la respiración, hasta lograr percibir la energía pránica. Algunos incluso imaginan y ponen atención a cada uno de sus chakras. Todos estos ejercicios que adaptamos o recomendamos en nuestras sesiones de Orientación, pueden realizarlas cada persona de acuerdo a su conocimiento y lo que siente más útil para él.
Otro ejercicio muy importante y que es el comienzo mismo de la segunda fase de Observación, es el aprender, desde el enfoque, a estar presente en cada acto físico que se realice, como bañarse, comer, cocinar, limpiar…Cada día de nuestra vida el solo hecho de traer la mente de vuelta a nosotros para que ella no se disperse en pensamientos infructuosos del pasado o en fantasías de un desconocido futuro, ya es un comienzo vital para el que aspira llegar a despertar el observador como paso siguiente.
Si la persona tiene facilidades para concentrarse y atender con cuidado todas o la mayoría de sus acciones cotidianas o un asunto en particular, es necesario que evalúe si no presenta el otro extremo del mal manejo mental, la otra cara de la moneda: la fijación obsesiva.
Cuando la tendencia que existe es la del “pensamiento circular”, el mal hábito de usar la mente como medio para “alimentar” de manera continua, recuerdos, generalmente negativos, del pasado, o ideas repetitivas sobre algo o alguien, así como los temores sobre “lo que puede pasar”, estamos ante una fijación, que no tiene nada que ver con concentración consciente, sino de otra manera que usan nuestros roles para mantener viva la emoción densa que los mantienen vivos. El miedo como fondo común suele ser la comida predilecta de roles de fracaso, inseguridad, culpa, resentimiento, etc., que “obligan” de manera inconsciente a la mente a recrear una y otra vez los sucesos de dolor, las palabras que nos hirieron, las acciones que desaprobamos, las “mentiras” que no aceptamos, los pensamientos de derrota y los hechos que interpretamos como señales de un “mal” futuro. Usamos la mente para crear en su peor sentido, sin dirección y sin límite, los pensamientos “maleza” que asfixian nuestras ideas positivas y la verdad de lo que somos y lo que nos sucede.
En estos casos es muy importante el aprender a frenar el ruido interior, usando los ejercicios señalados, por ejemplo, dejando pasar todos los pensamientos que se presenten –como palomas que revolotean, se asientan y se van-, y continuar con la focalización de la atención. Centrar la atención en la respiración, imaginar que tenemos un radio encendido adentro y tenemos el poder de apagarlo y continuar el ejercicio elegido, prestar atención a los sonidos externos sin juicios desarrollando la capacidad de contemplación, etc. son solo algunas de las recomendaciones para vencer las fijaciones. Obviamente, en los momentos en que nos encontramos con las situaciones confrontadoras y en cuanto nos descubrimos en aquella fijación mental, es muy útil detener nuestras acciones, respirar, hacer el “apague” mental y soltar el pensamiento en cuestión para luego retomar la actividad que se está realizando con más presencia y concentración.
Cada persona es un mundo y de acuerdo a como la mente suele “manejar” al ego, se puede comenzar a despertar ese Observador que procurará tomar las riendas y ser él quien maneje la mente. En la segunda parte hablaremos sobre las siguientes fases mencionadas profundizando en este Testigo silencioso, su utilidad para la Catarsis y la identificación con nuestra Alma y su Mente superior.

Si no has leído los anteriores artículos de este tema puedes ir a la etiqueta: “Meditación” y “Psicología Trascendental”
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domingo, 30 de noviembre de 2014

Meditación y Despertar de Conciencia




Cuando en un artículo pasado hablamos de la importancia de aprender a meditar o iniciarse en la meditación, escalando niveles, nos referíamos propiamente a que era necesario preparar nuestra mente para esa anhelada conexión espiritual que finalmente se busca con esta práctica. Y esta “preparación” no es otra cosa que el entrenamiento de la mente, buscando que podamos focalizar nuestra atención, lograr el control de nuestras emociones y pensamientos, de manera que podamos posteriormente oprimir ese “botón de off” o alcanzar ese estado de “vacío” necesario para acceder a ese nuevo estado de trascendencia, donde nuestro Verdadero Ser está Presente. Se trata, entonces, de saber cuándo detener la mente, con la diaria práctica de saber detener nuestros pensamientos, emociones e incluso nuestros actos. En definitiva: Actuar cada vez de manera más consciente.
Por eso, mientras vamos poniendo en práctica los niveles de meditación, nuestra Conciencia, va mejorando al dirigirse hacia aspectos cada vez más profundos de nuestra identidad y la percepción de la realidad que nos rodea. Por ejemplo, en el primer nivel de meditación, adquirimos la conciencia de nuestro ego, como instrumento de nuestra Alma que está “detrás” dirigiéndolo. En este nivel “nos damos cuenta” de sus desvíos, de cómo nuestra Alma se encuentra en un sueño mientras que permite a su ego actuar sin rumbo a través de diferentes máscaras como un actor que se disfraza y juega a interpretar múltiples papeles, casi siempre trágicos.
A este nivel aprendemos que la atención puede ser centrada en este ego, es decir, aprendemos a que el Alma comience a enterarse de sí misma, a “ocupar la casa invadida”, y se prepare  a desalojar a los indeseables invasores. Para ello, adquirimos conciencia de nuestro cuerpo y empezamos a autopercibir nuestros demás vehículos como herramientas. “Nos damos cuenta” de que no somos nuestro cuerpo, ni nuestra energía, ni nuestras emociones, ni pensamientos, sino esa Identidad que las dirige para llevar a cabo nuestros propósitos. Tomamos también conciencia de esos “propósitos” del Alma, pero solo después, de haber comprendido cómo nuestras acciones mecanizadas han sido producto de estas falsas identidades o “yoes” del ego a las cuales hay que vencer.
Nuestra Alma, es como un Rey o Reina que reclama su reino usurpado. La primera Meditación pretende ayudar a que el ego pueda “Ver las cosas como son”, para poder entrar en la batalla de reconquistar tal Reino, que no es otro que el de la Vida misma. De esta guerra ya hemos hablado antes y no es otra que la Depuración Psicológica o Catarsis. Sin embargo la meditación psicológica, analítica, consciente o lúcida como otros la llaman, es el medio indispensable para lograr realizar ese ejercicio de discernimiento requerido, que nos permita distinguir cada uno de nuestros vehículos, cada una de nuestras máscaras, cada emoción densa que nos advierte como alarma manifestada corporalmente de que aún estamos necesitados de aquella Luz que solo nuestras Esferas Superiores del Alma pueden darnos.
Luego de “tomar conciencia” de estas realidades más próximas a nosotros, continuamos enfocando nuestra atención al siguiente nivel: el nivel de nuestra Alma purificada. Pero acceder a los tesoros del Alma es algo que requiere desenterrarlos del lodo donde están sepultados, es decir, estar en la guerra psicológica y haber ganado al menos gran parte de sus batallas. Así como es difícil ver la luz del sol entre las tinieblas de un día lleno de nubes tempestuosas, es igualmente difícil acceder al Amor, a la Verdad, a la Voluntad plena, a la Inteligencia superior, a la armoniosa Salud, a la Abundancia, a la Transmutación total y la Inmortalidad, sin haber despejado el camino de los demonios internos. Por eso la Catarsis es tan fundamental. Nadar en las aguas “límpidas” del Alma y manifestar en la vida personal su Esencia solo es posible si nos purificamos.
Sin embargo, a medida que meditamos al primer nivel y nos depuramos, podemos ir accediendo a dos de estas Esferas, la Transmutación, cuya Luz Violeta nos ayudará a diluir los Roles o demonios, y la Verdad, cuya Luz Blanca nos permitirá ver los engaños externos e internos y ver aquellos parásitos que se esconden para reconocer nuestras fallas en el proceso. Esto será ampliado más adelante, así como la práctica de la meditación psicológica. Por ahora, en términos de conciencia, es importante aclarar, que a un segundo nivel, la conciencia va más allá del “darse cuenta” y entra a un terreno más sutil, donde la mente interviene un poco menos y se le permite a nuestras energías y sentimientos a través de la Intuición, emerger progresivamente. Nos volvemos más conscientes de esa Presencia que está más allá de nuestro ego y con la cual nos identificamos plenamente. Con la meditación anterior, finalmente logramos ver de manera clara nuestra “personalidad”; pero en este segundo nivel aprendemos a ver nuestra Individualidad, como ese único Ser que Somos y utiliza los aspectos o cualidades de dicha personalidad.



Nuestra conciencia se unifica aún más y al mismo tiempo vislumbra los diferentes aspectos de lo sagrado en nosotros (Rayos de color de las Esferas Superiores del Alma). Nuestra atención comienza a enfocarse en los sentimientos más elevados que nos representan como parte del Reino Humano y de acuerdo a nuestra inclinación o herencia racial, aquellos arquetipos sagrados se hacen visibles. Es a este nivel que traemos a la mente, recuerdos de quienes somos y nuestra tarea en la vida, obtenemos información de lo que necesitamos para plasmarla, recibimos orientación espiritual y respuestas a nuestras inquietudes, se enciende nuestra maravillosa habilidad de “Crear”.
Y una vez estos dos niveles de conciencia se vuelven práctica cotidiana a través del enfoque de nuestra atención tanto en el ego-personalidad- como en nuestra Alma, entonces-y solo entonces-, somos dignos de acceder al sagrado templo interior: La conexión unificada con nuestro Yo Divino. La Chispa Divina en nosotros, Nuestro Espíritu Eterno que nos une a todas las cosas y nos vincula directamente con Dios o con la Fuente Una, se hace presente en nuestra conciencia, solo a este tercer nivel. Esos momentos de “iluminación”, que a veces son instantáneos, son solo pequeñas muestras de que estamos aún más allá de nuestra realidad temporal, de que somos una pequeña manifestación del infinito Universo.
Esta es la Consciencia Madre, la consciencia plena del Yo Soy de la que hablan los gnósticos, con la cual todo lo visible y perceptible desaparece. Pero esta Consciencia es como el Vino de Dionisio, del cual un solo sorbo puede embriagar al más descuidado de los “sedientos”. Por eso se debe llegar sin sed y más bien repletos con la gloria que alcanza el Alma al percibirse con todas sus luminosas vestiduras. Llegar acá, es el sendero del cual habla el hermoso libro “La Voz del Silencio”, memorizado y traducido por la maestra H.P. Blavastky, el cual recomiendo leer y cuya comprensión se va haciendo clara cuando la conciencia se eleva.
Para finalizar dejo este cuadro síntesis donde expongo también la relación de cada nivel de meditación con el Principio Trino Universal más predominante en cada proceso, de los cuales también se ampliará en próximos artículos.


NIVEL DE MEDITACIÓN
PRINCIPIO AFIN
FINALIDAD
ATENCIÓN CENTRADA EN:
Meditación Psicológica
Inteligencia
Ver y Verse.
Mayor comprensión de la realidad personal e inmediata.
Manejo de la atención básica y desarrollo de la concentración.
Vencer la dispersión y las fijaciones.
1.El cuerpo físico
2.El espacio que nos rodea, la naturaleza
3. Un foco u objeto externo
4.Un objeto imaginario y/o un color
5. Una acción, actitud (rol o parásito) o procesos internos y externos
Meditación Conectiva
Voluntad
Canalizar las Esferas Superiores del Alma
Manifestar la Luz del Alma en las acciones cotidianas
Interiorizar y exteriorizar el mensaje de los Arquetipos
1. El Rayo Color de cada Esfera, de manera pausada y progresiva.
2.Polarizar las emociones en sentimientos y elevar la vibración áurica
3. Runas o símbolos /Decretos o Conceptos del Yo Superior
Meditación Trascendental
Amor
Unificarse con la Fuente y el Todo
El Ser


Ver también los artículos de "Psicología Trascendental"

Una Psicología que si llega al Alma
Falsa Espiritualidad ¿Evadimos nuestra Realidad?
¿Sabemos orar?
¿Meditación o "desconexión"?

jueves, 20 de noviembre de 2014

¿Meditación o "desconexión" ?

Alcanza la Trascendencia por niveles



La Meditación ha sido vista en el pensamiento popular como un medio para alcanzar un cierto “grado” de espiritualidad, que de otra manera, bajo la presión diaria de una rutina cargada de distracciones y responsabilidades inmediatas, parece “imposible” de lograr. Las personas se han familiarizado con este término y en ocasiones practican “meditación” cuando requieren de un espacio para sí mismas, un “oasis” en medio del desierto fatigante de la cotidianidad.
Sin embargo esta visión de la “meditación” es algo diferente a nuestra percepción de la misma. Esto se debe en primer lugar a que la “meditación” que nos vende el comercio pseudoesoterista o la New Age, como desvirtuación de las prácticas orientales, no contempla el hecho de que en realidad , el volverse “espiritual” no se trata de hacer a un lado el mundo del día  a día con sus tropiezos y aciertos para sumergirse en un mundo místico donde se anhela la aparentemente lejana conexión con un Dios o una Fuerza sobrenatural , sino de aprender el arte de ver la realidad diaria desde una óptica más clara, comprendiendo desde el interior y con suma atención nuestros procesos  -pensamientos , emociones, actitudes - y siendo conscientes de ellos para encausarlos hacia finalidades más acordes a la evolución humana.
Y en segundo lugar, si bien, la meditación trascendental, que es la más conocida, busca que las personas salgan de su superficialidad para profundizar en su esencia más luminosa, estimulando la conexión con ese Todo, en un ejercicio que permite detener la mente - obstáculo para dicho fin-, las personas no tendrían que usar esta herramienta de manera desprevenida, o por moda espiritualista para sentirse con mejor “vibra” o para escapar de sus conflictos diarios, creyendo que con esta práctica, sin ninguna preparación previa, lograrán estados mayores de conciencia.
De hecho, existe un riesgo bastante elevado de “desconexión” espiritual, cuando la meditación se realiza en estos términos y sin tener claridad sobre su verdadero propósito. Desafortunadamente, quienes están detrás del engaño colectivo a nivel de las corrientes religiosas y espirituales, tienden a desvirtuar la meditación o también a hacer justamente lo contrario: colocarla por encima de otras prácticas igualmente importantes para el despertar de conciencia, centrando en ella toda posibilidad de transformación humana, como si el solo hecho de meditar ya hiciera por nosotros el arduo trabajo de integrar nuestra psique.
Uno de los problemas que surge con la Meditación Trascendental justamente, es que la desconexión con la realidad, cuando se emplea para generar esta “división” o aislamiento de paz del cual muchos están sedientos, al mismo tiempo genera una dependencia hacia lo desconocido como vía de acceso a un dios invisible o a una realidad que nos parece mejor que la vivida. Ciertamente cuando la persona se sumerge en ese océano de “paz” que brinda la meditación de este nivel, no logra atraer a tierra firme esa paz y esa luz, sino que se desprende de sus raíces para estar cada vez más lejos, “volar más alto” y con ello saturarse el alma de anhelos de perfección que solo hinchan más nuestros roles del ego. Porque la Luz solo nutre al Alma cuando ella está purificada, de la misma manera que el agua limpia al desnudo. Lo contrario sería como sumergirse en aguas limpias con la ropa puesta y llena de lodo, para salir arrastrando luego el lodo por todas partes por donde andemos, manchando todo, mojando todo, con el autoengaño del que cree ser mejor por ello. Un absurdo acto de vanidad.
No pretendo despreciar este hermoso arte, sino colocarlo en el lugar que merece para que, quienes deseemos ponerlo en práctica, no lo mancillemos con nuestras bajezas, ni demos fuerza a la maleza interior de ese jardín mal cuidado de nuestras emociones, sino que seamos coherentes y alcancemos por niveles una preparación adecuada de conectarnos con nuestro sagrado Ser. Por eso antes de abocarnos a meditar con el propósito de “Conectarnos con lo Uno y ser Uno con el Todo”, nosotros proponemos que tengamos presente esas otras “meditaciones” que pasan desapercibidas por ser más accesibles y cotidianas, pero no menos importantes, en este camino de recuperar nuestra Dignidad espiritual.



¿Otras meditaciones? ¡Si!! Pocos nos hablan de ellas y muchos no ven en ellas meditación alguna, pero son formas de meditar que, a nuestra manera de ver, debieran ser las primeras en realizarse, para garantizar un proceso adecuado y respetuoso hacia esta Meditación Trascendental, sin el riesgo de caer en la apatía, en la soberbia espiritual, o falsos roles de “maestría”.
Es posible que no nos dijeran que el solo hecho de aprender a focalizar nuestra mente para deshacer el mal hábito de la dispersión o de la fijación obsesiva, es parte de la primera forma de Meditación que todos debemos conocer y practicar: La Meditación psicológica o Racional. No podemos acceder a ese estado de calma sin aprender el arte de dominar nuestra atención. Por otro lado esta herramienta resulta vital para realizar el proceso de Catarsis o Depuración que nuestra Alma necesita para acceder a otros niveles de meditación, como la Meditación Transpersonal o Conectiva.
En este “segundo nivel”, es requisito estar trabajando la Catarsis, y mejor si ya hemos detenido y confrontado a una buena legión de demonios internos. Así será más fructífero el poder conectarse con la parte más luminosa de nuestra Alma: Las Esferas de Conciencia como final de este proceso. (Ver Mapa Psicoespiritual en “Psicología Trascendental” y Glosario de términos)
Y finalmente, al llegar a la práctica de la Meditación Trascendental o Iluminativa, sin abandonar las anteriores, se llega a una experiencia enriquecedora, donde el contacto con el Espíritu que nos habita se vuelve real, no viciado de la artificialidad forzada de quien anhela ser mejor, sino la plena naturalidad de quien ya sabe Quién es, se ha visto, y por ello accede a su Divina Presencia con profundo Amor y Gozo. Ya ha andado el sendero del silencio interior, se ha entrenado en la autoobservación y el autodominio, y por lo tanto, ya es digno de entrar en su propio templo interior.
Estas tres formas de Meditación las ampliaremos en futuros artículos para que puedan servir de guía y herramienta básica en los procesos de Integración Psicológica que proponemos.

Si deseas un seguimiento personalizado de este proceso, de tu depuración psicológica y otras herramientas para la integración puedes leer también Terapia de Orientación Psicoespiritual en “Asesorías”