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martes, 3 de febrero de 2015

El Discernimiento


Tomado del libro “A los pies del Maestro” de Krishnamurti



La primera cualidad es el DISCERNIMIENTO. Se denomina así, generalmente, a la facultad de distinguir entre lo real y lo ilusorio, y la cual guía a los hombres para entrar en el Sendero. Pero también es mucho más que esto, y debe practicarse no tan sólo en los comienzos del Sendero, sino en cada una de sus etapas, diaria¬mente, hasta el fin.
Vosotros entráis en el Sendero porque habéis aprendido que tan sólo en él pueden encontrar-se las cosas dignas de ser alcanzadas. Los que no saben esto trabajan para adquirir riqueza y poder, pero esto dura a lo más una vida tan sólo y, por lo tanto, no es real. Hay bienes mayores, reales y perdurables, cuando los hayáis alcanzado, ya no desearéis jamás aquellos otros.
En el mundo hay dos clases de seres: los sabios y los ignorantes. Esta sabiduría es la que nos interesa. La religión que un hombre profese, la raza a que pertenezca, importan poco; lo realmente importante es que los hombres conozcan el plan Divino. Porque el plan de Dios es la evolución. Una vez que el hombre realmente lo reconoce, no puede sino identificarse con sus designios y trabajar de acuerdo con él, porque es tan glorioso como bello. Así, conociéndolo, permanece al lado de Dios, firme para el bien y resistente contra el mal, trabajando para la evolución y no por egoísmo.
Si está al lado de Dios, está unido a nosotros, y no importa lo mínimo que se llame hindú o buddhista, cristiano o mahometano, ni que sea indio o inglés, chino o ruso. Los que están al lado de Dios saben por qué están aquí y cuál es su misión, y procuran cumplirla; los demás no saben todavía lo que han de hacer, y así obran a menudo erróneamente e intentan trazarse vías que imaginan placenteras sin comprender que todos somos uno y que, por lo tanto, tan sólo lo que el Uno quiere puede ser verdaderamente agradable para todos. Ellos van en pos de lo irreal, en vez de lo real. Hasta que aprendan a distinguir entre los dos, no se colocarán al lado de Dios, y, para aprenderlo, discernimiento es el primer paso.
Pero, aun después de efectuada la elección, debéis recordar que hay muchas variedades de lo real y lo irreal, y por lo tanto debemos discernir también entre lo justo y lo injusto, lo esencial y lo accesorio, lo útil y lo inútil, lo verdadero y lo falso, lo egoísta y lo altruista.
Aquellos que, deseosos de seguir al Maestro, han resuelto servir a lo justo a toda costa, no hallan dificultad en la elección entre lo justo y lo injusto. Pero el cuerpo es distinto del hombre, y la voluntad del hombre no siempre coincide con el deseo del cuerpo. Cuando vuestro cuerpo desee algo, deteneos a pensar si vosotros realmente lo deseáis. Porque vosotros sois Dios, y queréis únicamente lo que Dios quiere; así, debéis buscar profundamente en vosotros mismos para hallar el Dios interno y escuchar Su voz, que es vuestra voz. No confundáis con vosotros mismos ni vuestro cuerpo físico, ni vuestro cuerpo astral, ni vuestro cuerpo mental, porque cada uno de ellos pretenderá ser el Yo, a fin de obtener lo que desea. Debéis conocerlos todos y reconoceros por su dueño.
Cuando se ha de hacer un trabajo, el cuerpo físico quiere descansar, pasear, comer y beber; y el ignorante se dice a sí mismo: "Yo quiero hacer estas cosas y debo hacerlas." Pero el sabio dice: "Lo que en mí desea no soy yo, y puede esperar." A menudo, cuando se presenta alguna oportunidad para ayudar a alguien, el cuerpo incita a pensar: "¡Qué molestia me causa esto! Dejemos que otro lo haga." Pero el hombre le replica a su cuerpo: "Tú no me estorbarás para practicar el bien."
El cuerpo es nuestro animal, el caballo en que cabalgamos. Por lo tanto, debéis tratarlo y cuidarlo bien; no debéis fatigarlo; debéis alimentarlo tan sólo con comidas y bebidas puras, y llevarlo escrupulosamente limpio de la más leve mancha. Porque sin un cuerpo perfectamente limpio y sano no podríais llevar a cabo el arduo trabajo de preparación, ni podríais soportar el esfuerzo incesante. Pero vosotros debéis gobernar constantemente al cuerpo, nunca el cuerpo a vosotros.
El cuerpo astral tiene sus deseos a docenas; él os inclina a la cólera, a la injuria, a la envidia, a la avaricia, a codiciar los bienes ajenos, a sumiros en la depresión. El cuerpo astral quiere todas estas cosas y muchas más, no porque desee perjudicaros, sino porque le gustan las vibraciones intensas, así como el cambio constante de ellas. Mas vosotros no necesitáis estas cosas, y por esto debéis saber distinguir entre vuestros deseos y los de vuestro cuerpo.
Nuestro cuerpo mental desea pensar orgullosamente que es algo separado de lo demás; pensar dándose mucho valor a sí mismo y poco a los otros. Aun cuando lo hayáis apartado de las cosas mundanas, persiste en especular sobre sí mismo, en incitaros a pensar en vuestros propios progresos, en vez de pensar en la labor de los Maestros y en ayudar a los demás. Cuando meditéis, tratará de haceros pensar en las diferentes cosas que él desea, en vez de pensar en lo que vosotros queréis. Vosotros no sois esta mente, sino que ella está a vuestro servicio, y así también en este caso es necesario el discernimiento. Debéis vigilar constantemente, so pena de fracaso.
El Ocultismo no tiene compromiso entre lo justo y lo injusto. Debéis hacer a toda costa lo justo; debéis dejar de hacer lo injusto, sin importaros lo que el ignorante piense o diga. Debéis estudiar profundamente las leyes ocultas de la Naturaleza, y cuando las conozcáis, ordenad vuestra vida de acuerdo con ella, empleando siempre la razón y el sentido común.
Debéis saber distinguir lo importante de lo secundario. Firmes como una roca cuando de lo justo y de lo injusto se trate, dad siempre la razón a los demás en cosas de poca importancia. Porque debéis ser siempre amables y cariñosos, razonables y condescendientes; habéis de conceder siempre a los demás la misma libertad que necesitáis para vosotros mismos.
Tratad de ver lo que es más meritorio que hagáis, y recordad que no debéis juzgar las cosas por su aparente grandeza. Es mucho más meritorio hacer una cosa mínima pero útil a la labor del Maestro, que otra de mayor apariencia de las que el mundo llama buenas.
Debéis distinguir no tan sólo entre lo útil y lo inútil, sino entre lo más útil y lo menos útil. Alimentar a un pobre es bueno, útil y noble; pero alimentar su alma es todavía más noble y más útil que alimentar su cuerpo. Cualquier rico puede alimentar el cuerpo de un necesitado, pero tan sólo los sabios pueden alimentar su alma. Si sois sabios, vuestro deber es ayudar a otros en el logro de la sabiduría.
No obstante, por sabios que seáis, tenéis mu¬cho que aprender en este Sendero, y por esto también en él es preciso el discernimiento. Debéis pensar cuidadosamente lo que es mejor que aprendáis. Todo conocimiento es útil, y llegará un día en que lo alcancéis; pero mientras tan sólo poseáis una parte, cuidad de que ésa sea la más útil.
Dios es tanto Sabiduría como Amor, y cuanta más sabiduría alcancéis, mejor podréis manifestar a Dios. Estudiad, pues; mas, en primer lugar, estudiad lo que os ayude a ayudar a los otros. Estudiad pacientemente, no porque los hombres os llamen sabios, ni aun por tener la dicha de serlo, sino porque tan sólo el sabio puede ayudar sabiamente. Por mucho que deseéis ayudar, si sois ignorantes, podréis hacer más mal que bien.
Debéis saber distinguir lo falso de lo verdadero; debéis aprender a ser verídicos en todas las circunstancias, en pensamiento, en palabra y en obra.
Primero en pensamiento; y esto no es fácil, porque en el mundo hay muchos pensamientos falsos, muchas supersticiones tontas, y nadie que esté esclavizado por ellas puede progresar. Así pues, no debéis sostener una idea precisamente porque otros la sostienen, ni porque se haya creído en ella durante siglos, ni porque esté escrita en algún libro que los hombres tengan por sagrado. Debéis pensar acerca de aquel asunto por vosotros mismos, y juzgar si es razonable. Recordad que la opinión de un millar de hombres acerca de algún asunto que desconozcan no tiene ningún valor. Los que piensan hollar el Sendero deben aprender a pensar por sí mismos, porque la superstición es uno de los mayores males del mundo, una de las ligaduras de que totalmente debéis desembarazaros.
En lo tocante a los demás, vuestros pensamientos deben ser verídicos; no debéis pensar acerca de nadie lo que no sepáis. No supongáis que los demás están siempre pensando en vosotros.
Si un hombre hace algo que parezca perjudicaros, o dice algo que creáis que se refiere a vosotros, no penséis entonces: "Quiere ofenderme." Probablemente ni siquiera piensa en vosotros, porque cada alma tiene sus propias tribulaciones y pensamientos, que flotan principalmente alrededor de ella. Si un hombre os habla colérico, no penséis: "Me odia, trata de herirme." Quizá otra persona o alguna otra cosa lo han contrariado, y porque tropieza eventualmente con vosotros, descarga su cólera en vosotros. Él obra imprudentemente, porque toda clase de cólera es prueba de insensatez; pero vosotros no os debéis formar de él un juicio equivocado.
Cuando seáis discípulos del Maestro, podréis poner siempre a tono la pureza de vuestros pensamientos comparándolos con los Suyos. Porque el discípulo es uno con su Maestro, y debe procurar fundir su pensamiento con el Suyo y ver si coinciden. Si no están a tono, su pensamiento no es recto, y debe variarlo inmediatamente, porque los pensamientos del Maestro son perfectos, puesto que Él lo sabe todo. Los que todavía no han sido aceptados por Él, no pueden hacerlo del todo; pero pueden ayudarse mucho deteniéndose a pensar a menudo: "¿Qué pensaría el Maestro en estas circunstancias?" "¿Qué haría o qué diría el Maestro acerca de esto?" Porque no debéis nunca hacer, decir o pensar lo que no podáis imaginar al Maestro haciéndolo, diciéndolo o pensándolo.
Aun al relatar habéis de ser verídicos, exactos y sin exageración.
Nunca atribuyáis intenciones a otro; tan sólo su Maestro conoce sus pensamientos, y él puede estar obrando por razones de que no tenéis idea. Si oís que dicen algo en contra de alguna persona, no lo repitáis; podría no ser verdad, y aun cuando lo fuese, es caritativo callar. Pensad bien antes de hablar, no sea que incurráis en inexactitudes.
Sed verídicos en la acción; jamás pretendáis ser otro del que sois, porque toda pretensión sirve de impedimento a la pura luz de verdad que debe brillar a través de vosotros como la luz del sol brilla a través de un diáfano cristal.
Debéis distinguir entre el egoísmo y el desinterés; porque el egoísmo se presenta bajo muchas formas, y cuando creáis que al fin lo habéis destruido en algunos de sus aspectos, surge en otro tan fuerte como siempre. Pero gradualmente os irá animando tan por completo el pensamiento de ayudar a los demás, que no habrá lugar ni tiempo para pensar en vosotros mismos.

También debéis distinguir en otro sentido. Aprended a reconocer a Dios en todos los seres y en todas las cosas, prescindiendo del mal que puedan presentar en la superficie. Podéis ayudar a vuestros hermanos por medio de lo que tenéis de común con ellos, esto es, la Vida Divina. Aprended a despertarla y a vivificarla en ellos, así los salvaréis de lo falso.

Maestro Krishnamurti

martes, 6 de enero de 2015

La Depuración del Ego




La Integración Psicológica es la tarea que cada individuo debe realizar de alinear su personalidad o Ego o Personalidad Real a la naturaleza de su Alma inspirado por la Luz Espiritual. Para lograr esto, la Catarsis o Depuración del Ego representa la primera y más esencial de las fases a aplicar de manera que se logre el trabajo de diluir aquello que no es El Alma, es decir, el “No-Yo” del que se habla en los textos orientales, conformado por las máscaras o yoes del ego. La liberación de estos parásitos conlleva al logro de producir la integridad del Ser, la unificación de nuestra Identidad o Conciencia diferenciada, con nuestro propósito trascendente de volver al sendero evolutivo.
El término “catarsis” viene de raíces griegas cuyo significado es “puro” o purificación y fue adoptado por el pueblo cátaro, del cual deriva su nombre. Los cátaros eran reconocidos por sus prácticas enfocadas a la catarsis, costumbres de purificación que no solo estaban relacionadas con el mantenimiento del cuerpo físico sino también de la depuración del Alma.
El trabajo de Catarsis o Depuración del Ego del que hemos hablado en otros artículos, y que también otros autores como Gabriel Silva*, explican ampliamente, se centra en la Observación, Regulación y Superación de las emociones básicas densas que obstaculizan nuestro acceso a nuestro Verdadero Ser expresado en nuestra Alma y sus Esferas de Conciencia. Para comenzar a identificar nuestro mundo emocional y purificarlo, es necesario entrenar nuestra mente operativa o concreta y ponerla al servicio del autocontrol emocional, para, posteriormente, ser capaces de retroalimentar positivamente nuestros pensamientos y dirigir nuestra atención hacia lo más elevado de nuestra naturaleza humana (Ver artículos en la etiqueta “Meditación” de este blog).

A continuación proponemos para la Depuración, como primera parte del proceso de Integración, los siguientes pasos:

1.     
  “Aprender a verse”: Que es el desarrollo de la atención como facultad mental puesta al servicio de la Autobservación de nuestras acciones cotidianas, de manera que podamos detectar nuestras emociones, vernos actuar los respectivos roles o “personajes” que interpretamos y, al reconocerlos, aprender a conocernos. El autoconocimiento por lo tanto es el paso inicial para descubrir de qué manera estamos siendo dominados por dichos impulsos, muchos de ellos automatizados a fuerza de hábitos o costumbres arraigadas, aprendidas o reprimidas que salen de la memoria inconsciente de manera abrupta cuando son estimulados a través del dolor. Este ejercicio inicial se realiza primero con una meditación intelectual o racional (Fases 1 y 2 de la Meditación Psicológica –Ver artículos de meditación en el blog-), la cual es el estado de conciencia básico en el cual centramos la mirada, fría y objetiva, en nuestros patrones de conducta sin juzgarlos ni justificarlos, sino que, a lo sumo, comprendiendo desapasionadamente (análisis, razonamiento y aceptación)  las causas o razones ocultas que se encuentran detrás de nuestras acciones negativas. Cuando una emoción emerge, empezamos a entrenarnos en la autoobservación, tomando dicha emoción como una “señal”, un indicador sincero y transparente que nos permitirá conocer el “yo” que nos domina en el acto. En esta primera fase permitimos que las emociones se expresen y no intervenimos, ya que solo es un proceso de reconocimiento y asimilación, auxiliados por nuestra Inteligencia Divina.

2.     
  “Aprender a detenerse”: En este paso comenzamos a actuar (aplicación catártica), movidos por la Voluntad del Alma hacia el Autodominio de las emociones que aprendimos a reconocer en las distintas situaciones. Cuando una emoción presenta cierto patrón de aparición, nuestro estado de alerta desarrollado nos permitirá detenernos antes de su expresión. Este segundo nivel de Conciencia nos exige por lo tanto un mayor esfuerzo y concentración para lo cual la Meditación Psicológica (en su fase 2 y 3) es muy necesaria, acompañada de ciertos ejercicios o métodos que mejoren el autocontrol, promuevan cierto nivel de serenidad y claridad mental mínima y estabilicen la energía física –sugerencias que se brindarán de acuerdo a las características propias de cada consultante, ya que sin estos elementos podemos caer presos de reacciones imprevisibles. Vale la pena presentar el siguiente párrafo del libro “La Biblia III” donde claramente el autor explica la clave de la Catarsis:

La técnica clave es así: El Yo Psicológico no debe ser asociado con otro. Debe ser observado sin permitirle hacer uso de la aplicación de nuestra voluntad. No hay que dejarlo actuar. Pero tampoco hay que dejar que se oculte ni buscar pensar en otra cosa. Si lo dejamos hacer, lo nutrimos; si huimos de él nos atacará con más fuerza. Así que hay que enfrentarlo (esto es ser francos con nosotros mismos), observarlo y diferenciarlo diciéndonos a nosotros mismos: "Eso no soy Yo. Eso es un programa erróneo de mi cuerpo emocional. No debo dejarlo actuar ni dejar de mirarlo". No hay que perder oportunidad de observarlo. Cuando la Conciencia del Yo Verdadero observa al Yo Psicológico, hace el mismo efecto que el sol sobre las raíces de una cizaña desenterrada. No le dejamos semillar, aunque semillas quedan y volverán a brotar... Cada vez con menos fuerza, hasta extinguirse para siempre. Es muy importante no dejarlo actuar, pues si dejamos que se salga con la suya, es como darle las armas al enemigo. Si se sale con la suya, le dejamos parasitar nuestra Voluntad. Pero si dejamos de mirarle y –buscando sentirnos bien- tratamos de pensar en otra cosa, será como darle la espalda al peor enemigo, y atacará en cuanto nos descuidemos.”

Además, cuando nos proporcionamos satisfacción personal, descanso adecuado y promovemos hábitos físicos y mentales sanos (alimentación adecuada, lecturas sanas, relaciones personales empáticas, actividades estimulantes y contemplativas como el arte, etc), este paso puede llevarse con mayor éxito, pues el estado de alerta mejorará gracias a la energía positiva que nos propiciemos.
Por otro lado, no debe confundirse el detener la emoción emergente o el drama protagonizado por el falso yo, con la represión, ya que esta implica una distracción que los oculta temporalmente o el posicionamiento de un rol de hipocresía. En ciertos momentos donde la fuerza de la emoción negativa es muy fuerte conviene permitir su expresión de manera moderada sin perder del todo la conciencia a causa del dolor emocional, buscando el silencio como estrategia de aislamiento o aplacamiento temporal; pero cuando el silencio es usado a modo de agresión o es tomado por otros como provocación, usar una máscara provisional (hipocresía) será preferible a permitir la salida de emociones como el odio o la ira ciega. Estos últimos son los primeros que deben ser erradicados de manera absoluta, siguiendo en su orden aquellos derivados del miedo y finalmente los vicios, de los cuales discernimos aquellos deseos que si pueden sernos útiles. Una vez vencidos los impulsos violentos más primarios, podremos combatir su otra cara -el “yo hipócrita”-, observándolo y no dejándolo expresarse, ayudándonos del arte de la asertividad: decir al otro solo lo necesario, verdadero y positivo, en el momento adecuado y de la manera correcta, con respeto y serenidad, de acuerdo a la naturaleza de nuestra relación.

Esta serie de pasos son, por lo tanto, un proceso a veces lento, en el que solo el tiempo y la constancia, nos entrenarán debidamente para que al final podamos experimentar el último de los falsos yoes: el “Yo Vacío”, caracterizado por la sensación de “no sentirse” o “estar a la deriva”, momento en el cual dirigimos la mirada a nuestro Ser Espiritual para que la luz ocupe este aparente espacio del Alma.

3.      
“Aprender a liberarse”: Todo el proceso antes descrito no es lineal ni homogéneo, razón por la cual es posible que a lo largo de toda nuestra vida, resurjan emociones que creímos vencer o aparezcan nuevas emociones que antes no experimentábamos. Suele ocurrir, por ejemplo, que luego de vencer estados depresivos, una persona descubre dentro de sí a un “tirano” o “violento”, o a un orgulloso enmascarado detrás de un rol de superioridad; o logre ver un “Síndrome de Gurú”, que lo hace creerse mejor persona que el resto de la humanidad… Esto implica que la atención nunca debe de estar ausente y tengamos el deber moral de Autovigilarnos permanentemente.

Con la experiencia adquirida por la práctica también estaremos más habilitados para dar los primeros pasos hacia la segunda parte del trabajo de Integración que consiste en ir acercándonos, en esos momentos de serenidad, silencio y “vacío” a esos Sentimientos que aspiramos a vivenciar, visualizándolos como un ejercicio de “polarización”, en el cual, al detectar anticipadamente una emoción negativa y lograr frenarla, nos auxiliamos de la mente para realizar una visualización del sentimiento correspondiente o faltante en determinada circunstancia, guiándonos con el Mapa Psicoespiritual que puedes encontrar en este blog (Ver etiqueta “Esferas de Conciencia” o “Roles”) Se trata de buscar la asistencia de la Luz-color más útil en cada situación de manera que podamos invertir la emoción emergente, aumentando nuestra vibración. Con esto logramos re-identificarnos con nuestra Alma, recordar nuestro propósito superior, previniendo con más fuerza las dramatizaciones del ego inferior. Sin embargo este ejercicio (Meditación conectiva) solo debe realizarse en momentos breves y precisos sin pretender canalizar los rayos de manera continuada a menos que sintamos la seguridad de haber aprendido a dominar nuestras emociones. Las canalizaciones de los Rayos o Esferas Superiores de Conciencia, de manera continua, así como la posterior práctica de la Meditación Trascendental se realizará plenamente en las siguientes fases de la Integración, para evitar nutrir, por falta de preparación, los parásitos que puedan persistir en nosotros.

*Gabriel Silva en su libro “Catarsis Cátara”, realiza una ampliación de este proceso de depuración haciendo mención a los diferentes roles del ego o “demonios psicológicos” que deben vencerse en el proceso y brindando algunas pautas y sugerencias para realizar este arduo proceso. Nuestra recomendación, además de hacerse a la lectura seria de este libro, es fortalecerse previamente en el autodominio mental mediante la práctica de la meditación de primer nivel.


Para todos los que quieran iniciar un proceso de Catarsis y desean un apoyo continuado en su proceso, y además quieran recibir información de otras fuentes complementarias para el desarrollo de la meditación en todos sus niveles y otras prácticas que ayudan a la Integración Psicológica, pueden solicitar la Orientación Psicoespiritual (Ver encabezado del blog). Aclaramos que en ningún momento esta orientación pretende enseñar a realizar la Catarsis como tal –mostrar al consultante sus roles-, sino brindar herramientas y acompañamiento para que él mismo pueda combatir en su guerra interior, ya que el proceso catártico es personal e intransferible.

sábado, 18 de octubre de 2014

Falsa Espiritualidad: ¿Evadimos nuestra realidad?



En este mundo de máscaras es muy común encontrarnos con personas que se esfuerzan a diario por mostrar un “aura” de energías positivas sin que sepamos mucho acerca de su vida íntima. Lo que si resulta evidente para los buenos observadores es que muchas de estas personas parecen bastante críticas a todo aquello que no sea de cierto modo “espiritualista”, es decir, de ellas se reciben innumerables críticas sobre la conducta “desamorada” de otros, sobre la falta de “conciencia” en asuntos sociales, especialmente ecológicos, animalistas o de servicio social en general, la falta de “activismo” para defender causas nobles, y la indiferencia generalizada sobre los temas que la “nueva era” propone sobre “elevar las vibraciones”, “conectarnos con la unidad”, sentirnos como una gran familia “galáctica” etc.
Seguramente hemos sabido de personas que utilizan frases en idiomas sánscritos, orientales o chamánicos, para sentirse más en “sintonía” con sus “hermanos”. Asisten a congresos o se adscriben a grupos, no de culto, porque en general “respetan todas las religiones”, pero si en los que se mencionen mensajes espirituales, ya sea de ángeles o de otras dimensiones, comunicaciones con espíritus, aprender a “atraer” rayos espirituales (especialmente el de la abundancia), charlas sobre viajes astrales,  apertura de chakras o recomendaciones para “trasmutar el karma”, y otra serie de actividades que algunos consideran la cumbre de la realización espiritual.
Respetando ante todo la libre elección de cada uno en elegir los caminos que mejor considere para realizar esa anhelada conexión con el alma o el encuentro con respuestas que puedan satisfacer esta innata búsqueda de verdad y claridad, consideramos que hoy en día, por desgracia, algunas de estas bien intencionadas actitudes, resultan ser en muchos casos, tan solo fachadas pseudoespiritualistas, una evasión del verdadero esfuerzo que requiere transformar nuestro mundo interior. Por supuesto, no estamos afirmando categóricamente que todos los que están en esta búsqueda de manera sincera, sean falsos representantes de la espiritualidad-aunque si puedan existir-. Nuestra intención es que las personas aprendamos con una mirada franca a observar si hemos caído en este ámbito del espiritualismo aparente y reenfocar nuestra búsqueda hacia aquellas herramientas y guías que nos confronten más con nuestros roles, sacándonos de la pasajera ilusión de una “paz” prefabricada por autoprogramaciones, que nuestro ego y la sociedad se han encargado de promover.
Aunque muchas personas puedan sentirse mucho mejor, reprimiendo emociones negativas, disimulando roles o realizando ejercicios de respiración y meditación con la finalidad de mantenerse a salvo de “energías negativas” o pensamientos autodestructivos, especialmente si saben que ellos revelarían a ese “despreciable yo” que tanto rechazan en ellos mismos; si el único lugar de refugio que encuentran ante la angustia de confrontar los demonios personales o las atrocidades que protagoniza la humanidad alrededor del mundo, es el pensar en la “conciencia universal” y pretender , por medio de visualizaciones, enviar y recibir “luz”, que es lo mismo que canalizar energía superior;  la realidad que planteamos es que en la mayoría de los casos, estas personas terminan desconectándose de la realidad y acentuando más y sin darse cuenta todo lo más denso de sí mismos.



Y muchos se preguntarán: ¿Por qué afirmamos tal cosa de personas que desde el corazón buscan hacer las cosas de una mejor manera, más iluminada o espiritual?. Porque hoy en día y basados en nuestras experiencias, sabemos que todo camino de rosas no está exento de lidiar con las espinas. Es decir, si en realidad queremos vencer la oscuridad nuestra y la del mundo que nos rodea, no es suficiente con el deseo-por más sincero que sea- de estar en la “luz”, sino sobretodo aprender a conocer esa oscuridad para confrontarla y vencerla. Tener los pies firmes en la tierra es tan –o más – necesario que poder abrir los brazos al cielo.
No estamos tampoco a favor de aquellos que nos presentan a un humano rendido ante sus más bajas emociones, como lo pretenden hacer los creadores de ciertas teorías psicológicas modernas, que justifican y promueven la aceptación de todos las sombras de la humanidad haciéndonos creer que el hombre es así por naturaleza, que es normal que vivamos con diferentes demonios y es solo cuestión de mantenerlos tranquilos… Nuestra visión está a favor de una vida en donde cada ser humano necesariamente y como meta principal de vida deba convertirse en un guerrero, cuya batalla no es otra que la de vencer sus debilidades y parásitos, esos roles de los que hemos hablado en otras oportunidades.
Aunque soñemos con la santidad de aquel que cierra los ojos pensando en un lejano “Dios” y con ello crea haber logrado-por extraño milagro- la remoción de sus vicios o la sanación de su alma y la de otros; pensamos que esto no es más que una publicidad engañosa y pseudomística. Por más poder que tenga la palabra y el pensamiento, ellos solos no actúan en la vida; ni las oraciones solas ni las acciones sin juicio pueden hacer algo por un verdadero cambio en la vida de las personas. Los cambios trascendentales requieren de decisiones conscientes y profundas, y tomarlas, en la mayoría de los casos, resulta siendo un proceso arduo y doloroso, y no un sendero perfumado lleno de angelitos asintiéndonos.



Este proceso tan evadido o escondido incluso por los falsos portadores de verdades pseudoesotéricas, es la Depuración psicológica o también llamada Catarsis, que no es otra cosa que la purificación del alma de la que tanto hablaban los antiguos sabios y promovían las antiguas enseñanzas herméticas. Es el enfrentamiento con todos nuestros odios o rechazos, con nuestros miedos y nuestros vicios como sustento de todos estos falsos personajes que nos enajenan alejándonos de nuestro verdadero Ser. Y la razón por la cual un proceso tan importante para la evolución humana, se haya mantenido al margen del conocimiento que abunda hoy en día, supuestamente asociada al “mundo espiritual”, es que su práctica requiere mucho valor.
En este mundo donde el facilismo impera, aquello que nos desafía, o desacomoda nuestra aparente vida de gozo y satisfacciones –obviamente superficiales-, no es ciertamente muy alentador. A nadie le gusta, por cierto, que sean sacados a la luz sus defectos escondidos. Además, en un mundo donde las distracciones abundan, donde parece ser más importante señalar los errores de otros, salvar las buenas causas, conquistar las grandes metas exteriores, el hecho de enfrentar y recorrer ese oscuro pasadizo que representa nuestra propia vida cotidiana, llena de altibajos emocionales y pequeños fracasos diarios, suele ser mantenido en la mayor reserva o pasada al olvido o al silencio de la complicidad familiar. A menudo tendemos a posponer la guerra más apremiante que todo hombre debe enfrentar, la que se vive dentro nuestro.
Eso sí, no falta quien acumule una gran cantidad de conocimiento a manera de armas de guerra que finalmente nunca son usadas para vencer los enemigos internos, sino tan solo para alardear de ser un “salvador” o difusor de nuevas eras de luz para la humanidad. Y esto nos hace recordar aquella útil sugerencia descrita en el primer capítulo del Libro Tibetano de los Preceptos de Oro–La Voz del Silencio, rescatado por la teósofa H.P. Blavastky- que dice: “Si pretendes cruzar sano y salvo el segundo (el Vestíbulo de la Instrucción), no te detengas a aspirar el aletargador perfume de sus flores”. Y más adelante refiriéndose a aquel Vestíbulo reza: “Cuidado, lanú (discípulo), no sea que, deslumbrada por el resplandor ilusorio, se detenga tu alma, y en su engañosa luz quede presa”
No cabe duda que el mero “saber” –incluyendo ese “buscar sin encontrar” propio del espiritualismo vacío- no solo es insuficiente, sino además una dulce copa embriagadora que puede cegarnos del propósito fundamental de trabajar con nosotros mismos.
Una referencia más moderna de este tema lo describe muy bien este artículo que trascribo, cuya autora hace referencia a una visión bastante acertada de lo que denominan el “bypass espiritual”:

“Los riesgos del bypass espiritual”
http://barcelonalternativa.es/los-riesgos-del-bypass-espiritual/

“¿Alguna vez recurriste a tu espiritualidad para evitar enfrentar un aspecto doloroso de tu vida? ¿Dejaste pasar abusos en nombre de la compasión? ¿Te escudaste en tus aspiraciones más elevadas para evitar sentir celos o enojo, por considerarlas emociones “poco espirituales”? Si la respuesta a alguna de estas preguntas es sí, no estás solo. La mayoría de las personas que transitan el camino espiritual caen en algún momento, sin darse cuenta, en esta distorsión que el psicólogo estadounidense John Welwood bautizó “bypass espiritual” allá por 1984. De hecho, es una ocurrencia tan común en la cultura espiritual reinante, que muy pocos la perciben su existencia y los peligros que trae aparejados.
Autores como Ken Wilber y Robert Augustus Masters incluso advierten que muchos consejeros religiosos y psicólogos transpersonales hoy promueven este error, con las mejores de las intenciones, al proponerle a quienes buscan su ayuda soluciones espirituales a problemas de otro origen (cognitivos, psicológicos, hasta corporales).
El psicoterapeuta Robert Masters dice en su libro Bypass espiritual: cuando la espiritualidad nos desconecta de lo que verdaderamente importa que nuestra dificultad para tolerar y hacer frente a nuestra sombra personal y colectiva es el motor que nos lleva a buscar la espiritualidad como refugio o solución fácil a nuestros problemas. En estos casos, las prácticas o creencias no ayudan a elevarnos sino a evitar el costoso tránsito por el auto-examen y la auto-observación, a acallar la voz interior que nos dice que algo no está bien, a barrer bajo la alfombra conflictos y dificultades que piden a gritos ver la luz del día.
Así lo describe John Welwood, quien acuñó el término a partir de lo que observaba en su comunidad de practicantes budistas, y en él mismo: “Cuando caemos en el ‘bypass spiritual’, usamos la meta de la iluminación o la liberación para racionalizar lo que yo llamo trascendencia prematura: intentar elevarnos por encima del costado crudo y desprolijo de nuestra humanidad antes de haberlo enfrentado verdaderamente y haber hecho las paces con él. Y entonces procuramos usar la verdad absoluta para descalificar nuestras necesidades humanas relativas, nuestros problemas psicológicos, nuestras dificultades vinculares o déficits de desarrollo. Creo que este es una especie de ‘peligro ocupacional’ del camino espiritual, dado que la espiritualidad conlleva la visión de ir más allá de nuestra situación kármica actual”.
¿De qué formas se manifiesta esta tendencia en las personas? En una actitud de desapego excesivo, la represión de ciertas emociones (la tendencia a “anestesiar” la tristeza o el enojo), o a través una compasión ciega, una inclinación exacerbada hacia lo positivo, ignorando o denostando la propia sombra (los aspectos mal vistos de uno mismo). En casos más extremos, puede presentarse, incluso, como delirios de iluminación.
También se denomina a esta tendencia “inflación espiritual”, en referencia la noción de que todo puede trascenderse a pura fuerza de luz y voluntad. Pero ya lo decía C.G. Jung: “Uno no alcanza la iluminación fantaseando sobre la luz sino haciendo consciente la oscuridad”.
Un ejemplo de Welwood, en relación a la práctica del budismo en Occidente: “Si uno intenta practicar el desapego renegando de la propia necesidad de recibir amor, lo único que logra es desterrar esa necesidad al inconsciente, donde posiblemente actúe y se manifieste de maneras potencialmente peligrosas”.
Explica el terapeuta: “Es fácil usar conceptos como ‘la verdad del vacío’ de una manera distorsionada. La enseñanza es que los pensamientos y las emociones no tienen existencia verdadera, que son apenas ilusiones del Samsara (el mundo de las formas), y por lo tanto, no debemos prestarles atención. ‘Debes reconocerlos como formas vacías y, atravesarlos sin más’, es el consejo que reciben los discípulos. Esto puede ser útil en el ámbito de la práctica, pero en situaciones de la vida, esas mismas palabras pueden ser usadas para reprimir o negar sentimientos que requieren nuestra atención. Lo he visto ocurrir en numerosas ocasiones”.
“Temo que lo que muchos budistas occidentales están practicando no es desapego, sino evitación del apego. Esto no es lo mismo que liberación del apego: es otra forma de apego: se apegan a la negación de sus necesidades humanas, por desconfianza en el amor” , subraya.
Este fenómeno se asocia en parte con la explosión de interés en la espiritualidad que acontece en los años 60 y la adopción por parte de Occidente de prácticas y saberes del Oriente; y también con la deformación de estas prácticas y creencias en lo que ha dado en llamarse “espiritualidad de consumo rápido”.
Pero no es privativo de las tradiciones orientales ni de sus prácticas; la oración también puede ser usada como una manera de evitar contactar con las heridas psicológicas y los dolores del corazón.
Lo cierto es que no hay nada instantáneo en el proceso de crecimiento espiritual. Quienes conquistan la madurez en este terreno lo hacen a fuerza de años de trabajo interior y transparencia, sabiéndose pequeños y falibles en cada paso del camino. En términos de Welwood, en ellos la fruta cae del árbol por su propio peso, en lugar de ser arrancada prematuramente de la rama.
Hay en estos seres añejados espiritualmente -sean monjes, maestros o barrenderos- una cualidad de integridad y de arraigo. No son almas descarnadas, ni aparentan serlo. No están, ni se pretenden, más allá de nada. Por esto mismo, son capaces de abrazar la complejidad de quienes los rodean con infinito amor, y mostrar el camino hacia una transcendencia real, sin trampas ni atajos, sin ilusiones de santidad, con simple vocación humana.
No podría desearnos un destino mejor”
Fabiana Fondevila

Ahora que tenemos esta información a nuestra disposición los seguimos invitando como siempre a este desafío del Autoconocimiento, la Autoobservación y la adquisición de herramientas para detener aquello que actúa en nosotros sustituyendo los verdaderos propósitos de nuestra Alma.




Para más información sobre la Terapia De Orientación Psicoespiritual ver “Asesorías” en este blog.