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martes, 29 de diciembre de 2015

Dianética y la Nueva Medicina

CONSULTA SOBRE ENGRAMAS Y SANACIÓN DEL CANCER



 Si el solo hecho de copiar un examen ya genera engramas, ¿actos mas graves como una infidelidad, o una agresión a nuestros semejantes se graba como engramas mas poderosos?
¿La solución a esta circunstancia seria acudir a Dianética a auditarnos?
Otra consulta, tengo una prima enferma de cáncer usted piensa que se deba a engramas también esta enfermedad? ¿debería a acudir a Dianética también ella?

Saludos cordiales,


R E


Respuesta de Horacio Vemont:

Las preguntas que me haces son difíciles de responder para mí porque me faltan datos.  Lo que sí te puedo decir es que los actos hostiles, es decir el daño que hacemos a nuestros semejantes o incluso los que nos hacemos nosotros mismos, tienen consecuencia a nivel celular cuando estamos encarnados y a nivel espiritual cuando no lo estamos. No tengo la experiencia para saber cómo influye en cada persona los actos hostiles que comete. Esto tendría que saberlo bien un auditor que haya utilizado el E-Metro. Tampoco te puede afirmar que la única forma de eliminar las cargas engrámicas es yendo a Dianética. Dianética y Cienciología quizás haya que catalogarlas como una de las alternativas. En cuanto al cáncer, no tengo el conocimiento de que alguien se haya curado yendo a Dianética o a Cienciología. Puede haber casos, pero yo no los conozco.

Nota: Voy a reenviarle tu consulta y mi respuesta a los profesores de Contactos de Luz porque el tema es muy importante y amerita su aclaración.


Respuesta de Denyse

Hola R.:

Todo lo que hagamos a los demás queda grabado en nuestro inconsciente y el efecto inmediato en nuestra células (positivo o negativo) es solo una respuesta natural debido a la conexión que existe entre nuestra psique, nuestro sistema nervioso central (cerebro) y el resto de nuestro cuerpo físico. Por eso el Maestro Jesús enseñó "Haz a tu prójimo lo que desees para tí mismo" y también enseñó: "Ama a tu prójimo como te amas a ti mismo". Se sobreentiende que antes debemos amarnos, no tratarnos con hostilidad porque así como nos convertimos en lo que hacemos de nosotros mismos, también nos convertimos en aquello que negamos, atacamos o hacemos a los demás; ya que todos estamos conectados.
Para las enfermedades opera el mismo principio. Existen situaciones extremas que influencian negativamente la salud pero la más importante es la condición interna de no cuidarse y amarse lo suficiente; y tal vulnerabilidad puede ser por engramas pero también por los mismos roles del ego. Existen enfermedades que se activan por deficiencias, heridas, accidentes, intoxicación; pero las  más comunes se activan como un programa subconsciente de supervivencia como respuesta a un shock o conflicto psicobiológico. Una persona sufre un determinado conflicto debido a la interpretación psicológica y moral que tiene del mismo y de manera inmediata su cerebro y cuerpo reaccionan activando un mecanismo ancestral de supervivencia. Esta "interpretación" o forma de recibir el impacto de un conflicto es lo que determina el tipo y grado de enfermedad que se presente como mecanismo de la naturaleza de compensación o resolución del mismo. Y es evidente que para llegar a una interpretación dramática y dolorosa del conflicto tuvieron que intervenir emociones densas que dieran soporte a roles determinados o traumas del pasado (engramas). 

Esta relación psique-enfermedad como programa biológico lo descubrió años atrás el Dr. alemán Rick G. Hamer estableciendo las bases de lo que el llamó la Nueva Medicina Germánica, de la cual puedes averiguar más en la página: Material de NMG


La primera Ley biológica descubierta por él, como te darás cuenta fue en principio la Ley ferrea del cáncer, ya que fue sobre esta enfermedad donde inició sus investigaciones y sacó sus principales conclusiones. Luego comprendió la quintaesencia, que es la base de toda enfermedad humana como un Programa especial con sentido biológico, una respuesta de la madre naturaleza y no una maligna vivencia azarosa.

Dianética puede ser útil si ayuda a despejar el camino del inconsciente para afrontar el cáncer o cualquier enfermedad con una clara toma de conciencia. Pero la persona debe confrontarse con toda su experiencia de vida y ver sus roles del ego para superarlos. De lo contrario la enfermedad persistirá. Lo que enseña este médico es justamente que la sanación del cuerpo es un esfuerzo del organismo para recuperar el orden perdido tras los "ajustes" que se hacen ante un conflicto, lo cual lleva a cambios corporales dolorosos casi siempre. Pero se debe dejar obrar a la naturaleza y ayudarle, en vez de entorpecer su obra, como casi siempre hace la medicina convencional, entendiendo el proceso y conociendo cual es el conflicto que lo generó para luego RESOLVERLO. Esta resolución es lo que lleva con ayudas o sin ellas a la sanación o a la muerte, dependiendo de la gravedad de dicha restauración. Esta es la razón por la cual no todas las terapias son efectivas para determinadas enfermedades y pacientes, y no todas las personas se sanan de una misma enfermedad.

Podrías sugerirle a tu hermana que revise el material de la Nueva Medicina y busque la manera de resolver su conflicto personal para que pueda sanarse. Si ella necesita conversar con alguien sobre su proceso también puede escribirme al correo sanarencasa2013@gmail.com, y en cuanto pueda le responderé.


Saludos cordiales.

miércoles, 15 de octubre de 2014

La ciencia de la mente ilustrada


APUNTES BASADOS EN LAS ENSEÑANZAS DE L. RONALD HUBBARD
por Horacio Velmont


Los descubrimientos de L. Ronald Hubbard, plasmados en Dianética y Cienciología, junto con la tecnología que desarrolló para devolverle al hombre su cordura, también constituyen un tratamiento válido para eliminar las programaciones de las victimas del control mental (MK-Ultra, Monarca, etc.).
Lo primero que hay que saber sobre este tema es que no existe ninguna diferencia entre el hombre común y las víctimas de la programación mental. Esta afirmación, que a primera vista parece insólita, se justifica porque ambos tienen programaciones ignoradas, con la diferencia de que en el primero dichas programaciones son naturales mientras que las otras son artificiales.
Cuando digo naturales me refiero a que se han producido por azar y cuando digo artificiales me refiero a que han sido provocadas.
Otra diferencia es que nadie sabe, salvo Dios, cuáles son los detonadores en el hombre común de las programaciones, mientras que en las víctimas MK Ultra hay alguien que los conoce perfectamente: el programador que las implantó.
¿Significa esto que el hombre común puede transformarse en un asesino sin haber sido programado de la misma forma que los MK Ultra? ¡Pues eso es exactamente lo que estoy diciendo! Incluso el hombre común puede ser peor asesino que el peor de los MK Ultra.
Los asesinos en serie Dhamer y Chikatilo, por ejemplo, no solo mataban a sus víctimas torturándolas sino que también se las comían. ¿Qué programador MK le implantaría la orden a un sujeto para que mate a un presidente y después se lo coma?
Para comprender bien esto hay que analizar los descubrimientos de L. Ronald Hubbard plasmados en Dianética y Cienciología y difundidos inicialmente en su libro “Dianética, la ciencia moderna de la salud mental”.

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Es un hecho científico observado y probado que el organismo, en presencia de dolor físico, desconecta, total o parcialmente, a la mente analítica y que de inmediato graba, como si fuera un CD, todo lo que sucede en el entorno.
En estos momentos de inconsciencia analítica cada percepción presente, incluyendo el dolor físico, queda registrada a nivel celular.
La suspensión de la mente analítica en mayor o menor medida dependerá de la duración del dolor. Si el dolor dura solo un instante, habrá ahí un instante de suspensión analítica.
Dormirse bajo anestesia y despertar algún tiempo después es un tipo más complicado de suspensión analítica, ya que incluye dolor físico y además el veneno de la anestesia.
Hay muchas maneras de suspender el poder analítico, pudiéndose ver que existe una reducción mayor o menor. Cuando uno se quema el dedo con un cigarrillo, hay un pequeño instante de dolor y una pequeña cantidad de reducción. Cuando uno se somete a una operación, la duración puede ser cuestión de horas y la cantidad de suspensión analítica puede ser extrema.

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En los momentos de inconsciencia el organismo registra todo lo que sucede en el entorno. Esta grabación se denomina engrama. En el engrama están incluidas todas las percepciones, siendo dos de ellas el dolor físico y la emoción dolorosa.
Si el engrama es reactivado por uno o varios restimuladores –es decir, si la persona que tiene un engrama capta en su entorno algo similar a las percepciones que hay en el engrama– éste pone en funcionamiento, en mayor o menor grado, todo su contenido, sus percepciones, tales como grifos y palabras.
La restimulación puede ser mayor o menor. Un restimulador en el entorno del individuo puede poner en funcionamiento un engrama, solo un poco, o, si hay muchos restimuladores presentes y el cuerpo se encuentra ya en mal estado, el engrama puede desplegar toda su fuerza. Pero tanto si el engrama es restimulado leve o fuertemente, todo su contenida entra en acción de un modo u otro.
En todos los engramas hay un único denominador común, solo una cosa que todo engrama contiene y que todos los demás engramas poseen: el dato de que hay una suspensión de la consciencia, del poder analítico, mayor o menor.
Por lo tanto, cada vez que un engrama es restimulado, aun cuando el cuerpo no haya recibido dolor físico, algo de poder analítico se desconecta. Se podría decir que en alguna medida se produce una especie de cortocircuito en el órgano u órganos que constituyen la mente analítica.
Esto es sumamente importante para una comprensión mecánica de la aberración. Es un hecho científico susceptible de prueba y que nunca varía. Esto sucede siempre: cuando se recibe un engrama, la mente analítica es suspendida por el dolor físico y la emoción. Cuando un engrama es restimulado, la mente analítica es suspendida como parte de las órdenes del engrama.
En realidad, se trata de algo muy mecánico. El engrama es restimulado y parte del poder analítico es suspendido. Esto es tan inevitable como encender y apagar una luz eléctrica. Tira del cordón y la luz se apaga. La reducción de la consciencia no es tan drástica –hay grados de luz–, pero es así de mecánica.

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Si se pone a una persona bajo los efectos de la anestesia y se le corta el pecho recibe un engrama porque su poder analítico fue desconectado, primero por la anestesia y luego por un dolor en el pecho. Mientras estaba ahí, en la mesa de operaciones, la mente reactiva grabó el ruido de los instrumentos, todo lo que se dijo y todos los sonidos y olores. Y también incluye si una enfermera estaba sujetando uno de sus pies porque estaba pataleando. Esto es un engrama completo.
En el futuro, cuando la persona oiga ruidos como de instrumentos se pondrá nervioso en mayor o menor medida sin saber la razón. Si prestara atención a lo que está sucediendo en su cuerpo en ese momento descubriría que su pie tiene la ligera sensación de que lo están sujetando.
Sin embargo, no es probable que le preste atención alguna a su pie porque, si pudiera prestar algo de atención, el dolor del pecho se encontraría presente en alguna medida. Pero su capacidad analítica ha sido levemente desconectada. Así como el pie sentía que le estaban sujetando, la mente analítica tiene la idea de ser suspendida por la anestesia y el dolor.
El restimulador (el ruido) tendió a hacer aparecer ligeramente el engrama completo, y parte de la orden del engrama es un poder analítico reducido.
La precisión de esto es como apretar un botón. Si uno conociera los principales restimuladores de alguien (palabras, tonos de voz, música, lo que sea: cosas que están archivadas en el banco de la mente reactiva como partes de engramas), uno podría desconectar casi completamente el poder analítico de esa persona y dejarla totalmente inconsciente.
Todos conocemos personas que hacen que nos sintamos estúpidos. Puede haber dos causas para eso, pero ambas proceden de engramas, y una de ellas es el hecho de que, no importa qué engrama sea restimulado, parte del poder analítico se desconecta.
Los engramas pueden mantenerse en restimulación crónica si el entorno es siempre el mismo! Esto significa una suspensión parcial crónica del poder analítico. La recuperación de la inteligencia por un “clear” (libre de engramas) y el aumento de dicha inteligencia hasta extremos tan fantásticos son productos, en parte, de la liberación de órdenes verbales en los engramas que dicen que él es estúpido, y en mayor parte, del alivio de esta condición de suspensión crónica.
Esto no es teoría. Es un hecho científico. Es absolutamente demostrable. El engrama contiene la percepción de un analizador suspendido. Cuando es restimulado, el engrama vuelve a poner este dato en acción en cierta medida.

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Por lo tanto, los engramas recibidos en “inconsciencia” hacen que exista una “inconsciencia” parcial cada vez que son restimulados. La persona que tiene un engrama (cualquier aberrado) no necesita recibir nuevo dolor físico para que tenga lugar un nuevo momento de “inconsciencia” parcial. Sentirse “amodorrado”, “adormilado” o “torpe” procede, en parte, de una mente analítica suspendida parcialmente. Estar “nervioso” o irritado o temeroso, también conlleva poder analítico suspendido parcialmente.
El hipnotizador tiene “éxito”, cuando lo tiene, porque al hablar a la gente sobre “sueño” puede poner en restimulación algún engrama que contenga la palabra sueño y poder analítico suspendido. Éste es uno de los motivos por los que el hipnotismo “funciona”.
Sin embargo, toda la sociedad, en mayor o menor medida, está expuesta a la suspensión analítica por la restimulación de engramas.
No obstante, el número de engramas que contenga el banco reactivo de una persona puede que no establezca el grado de reducción analítica a la que está sujeta. Una persona puede tener engramas y éstos pueden no haber sido activados porque quizás no se encuentre en un entorno que contenga un gran número de retimuladores. En estas condiciones, la posición de su zona de supervivencia puede ser alta, aun cuando posea un gran número de engramas. Además, podría haberse autoeducado superando estos engramas en alguna pequeña medida.
Pero una persona que tiene engramas y vive en una zona de muchos restimuladores estará expuesta a una gran cantidad de restimulación y suspensión analítica. En estas condiciones su estado puede cambiar de normal a demente, es decir, a irracionalidad total. Y en un solo día –como en el caso de un hombre que experimenta momentos de ira o una mujer que cae en estado de apatía–, el estado de una persona puede variar de normal a demente y otra vez a normal. Por lo tanto, hay demencia temporal o demencia crónica.
Esto significa que el aberrado “más cuerdo” un martes, puede ser un asesino el miércoles si se da la situación precisa que dispara el engrama exacto.
Un “clear” no es totalmente predecible en cualquier situación dada, tal es su poder de elección. Pero una persona aberrada se escapa a toda predicción por las siguientes razones: 1) nadie sabe qué engramas tiene una persona en su mente reactiva, ni siquiera él mismo; 2) los restimuladores que una situación contendrá es cosa del azar; y 3) al tener los factores en los engramas a nivel reactivo, su poder de elección no se podrá establecer.
La variedad de conducta que se puede desarrollar a partir de esta mecánica básica es tan amplia que no es de extrañar que algunas filosofías hayan considerado al hombre un caso perdido.
Obviamente, el factor x es el lenguaje. Veamos un ejemplo. Supongamos que un individuo es golpeado en la cabeza con un bate de béisbol y pierde el sentido y de pronto alguien cerca de él grita: “¡Corre, corre, corre!”.
Supongamos ahora que en otra ocasión este mismo individuo es dejado inconsciente por un bate en el mismo entorno y alguien grita: “¡Quédate ahí, no te muevas, estás seguro!”.
Este individuo tiene dos engramas contradictorios sobre la misma situación. ¿Qué hace entonces cuando ve un bate, o huele uno? ¿Corre o se queda ahí? Él tiene un dolor parecido para cada acción. ¿Qué sucede en realidad? Le da un dolor de cabeza. Esto es lo que llamamos conflicto. Esto es ansiedad, y la ansiedad puede hacerse verdaderamente muy aguda, a nivel puramente mecánico, cuando uno tiene noventa engramas tirando de él hacia el sur y ochenta y nueve tirando de él hacia el norte. ¿Va hacia el norte o hacia el sur? ¿O tiene una “crisis nerviosa”?
El nivel de inteligencia de la mente reactiva es más o menos que el de un fonógrafo. Se pone la aguja sobre el disco y el disco suena. La mente reactiva meramente pone la aguja. Cuando intenta seleccionar varios discos y los hace sonar todos a la vez, suceden cosas.
El banco de engramas está oculto bastante bien de modo que el hombre solo es consciente en su mente analítica. Cuando está “inconsciente” su mente analítica es incapaz de guiar a los datos que entran, y por lo tanto los datos no se encontrarán en lo que, por analogía, se ha dado en llamar bancos estándares. Por lo tanto, cualquier cosa que entró pasó por alto la consciencia. Y debido a la omisión la consciencia no puede recordarla ya que no hay conducto para el recuerdo.

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El engrama se introduce cuando la consciencia está ausente; después opera directamente en el organismo. Únicamente mediante la terapia dianética puede el organismo entrar en posesión de estos datos, y su eliminación no depende en absoluto de que la mente analítica haga contacto con ellos, a pesar de una vieja creencia de que el “darse cuenta” de algo lo cura. “Date cuenta” de un engrama y sin la terapia dianética estarás rápidamente en dificultades.
El engrama es recibido por el cuerpo celular. La mente reactiva podría ser el nivel más bajo de poder analítico, por supuesto, pero esto no altera el hecho científico de que el engrama opera como si fuera una conexión soldada al regulador de las funciones vitales, a la coordinación orgánica y al nivel básico de la propia mente analítica. Por soldado se entiende “conectado permanentemente”. Esta actuación es la conexión del engrama como parte de la maquinaria operante del cuerpo.  
Un proceso de pensamiento analítico, en cambio, no está enganchado permanentemente, sino que puede ser conectado y desconectado a voluntad de la mente analítica. Esto no ocurre con el engrama, y de ahí el término soldado.
La mente analítica establece un patrón de entrenamiento. Mediante estímulo-respuesta este patrón de entrenamiento funcionará suavemente y bien en aquellos casos en que hará el mayor bien al organismo.
Un engrama, por el contrario, es un patrón de entrenamiento que forma un conjunto completo enganchado permanentemente a los circuitos y entra en funcionamiento, como patrón de entrenamiento, sin autorización alguna de la mente analítica. Cuando hablamos de “permanentemente” dejamos a salvo que eso era cierto hasta la aparición de Dianética.
Al estar las diferentes formas de poder analítico reducidas por la influencia y por la sugestión imperativa del engrama, la mente analítica es incapaz de descubrir ninguna razón verdaderamente válida sobre la conducta del organismo. Por lo tanto, se inventa una razón, pues es su trabajo inherente asegurar que el organismo siempre tenga razón.
Así como en los experimentos con la hipnosis el tipo que se quitaba la chaqueta proporcionaba cantidad de explicaciones tontas sobre por qué se la quitaba, la mente analítica –observando el cuerpo entregado a acciones irracionales, incluyendo la palabra, para las que parece no haber explicación– justifica las acciones.
El engrama puede dictar todos los diversos procesos que sobrevienen en el curso de la vida. Puede citar creencias, opiniones, procesos de pensamiento o carencia de ellos y acciones de todas clases, y puede establecer condiciones notables por su complejidad, así como por su estupidez.
Un engrama puede dictar cualquier cosa que contenga –y los engramas pueden contener todas las combinaciones de palabras del idioma–, y la mente analítica está obligada, ante el comportamiento o la convicción irracional, a justificar los actos y condiciones del organismo, así como sus propios y extraños errores. Esto es pensamiento justificado, es decir, el esfuerzo de la mente consciente por justificar constantemente la aberración sin admitir, ya que no puede hacerlo normalmente, que le ha fallado al organismo.
El organismo es, por lo tanto, capaz de tres clases de pensamiento: 1) pensamiento analítico, que es racional aunque modificado por la educación y el punto de vista; 2) pensamiento justificado, pensamiento analítico intentando explicar reacciones; y 3) pensamiento reactivo, que existe totalmente en términos de que cualquier cosa en un engrama es igual a cualquier cosa en un engrama, igual a todos los restimuladores en el entorno y a todas las cosas asociadas a esos restimuladores.
Todos hemos visto a alguien cometer un error y luego dar una explicación de por qué había cometido ese error. Esto es pensamiento justificado. El error se cometió, a menos que fuera debido a educación o punto de vista, por un engrama. Entonces, la mente analítica tuvo que justificar el error para asegurarse de que el cuerpo tenía razón y que sus computaciones eran correctas.

 Para continuar leyendo sobre el tema "La ciencia de la mente ilustrada Parte II" visitar la página: 





martes, 14 de octubre de 2014

La Verdad Sobre Cienciología


¿CIENCIA EXCELSA O CULTO TENEBROSO?
por Horacio Velmont

 

Cienciología puede devolverte la cordura,
pero los cienciólogos pueden volverte loco

Los ataques a Cienciología, ciencia que contiene las leyes de la mente,  forman parte de la imbecilidad humana, porque ¿acaso no es un imbécil aquel que  ataca a una ley porque un juez la aplicó mal? Las leyes que rigen a Cienciología son tan exactas como la ley de gravedad o la ley de causa y efecto, y solo cuando se las ignora surgen los inconvenientes. El problema radica, entonces, no en las leyes sino en quienes las aplican. Decir que Cienciología es un culto tenebroso, por lo tanto, es tan absurdo como atribuirle lo mismo a la tabla de multiplicar.
Por otra parte, justo es decirlo, todos los cienciólogos son personas muy éticas, pero lo que sucede es que la ética y la racionalidad no siempre van juntas…


Muchos confunden a David Miscavige con Cienciología


CIENCIOLOGÍA TAMPOCO ES RONALD HUBBARD

Cienciología está basada en axiomas científicos, irrefutables y preexistentes  –es decir que no son patrimonio de nadie– que se demuestran al ponerlos en práctica porque funcionan. Es algo similar a la ley de gravedad (que siempre existió): sueltas una piedra y en condiciones normales ésta cae al piso.
Si alguien suelta una maceta  desde un décimo piso y ésta, en lugar de caer al suelo, queda detenida en el cuarto piso porque había un toldo extendido, ¿quién será tan estúpido para echarle la culpa a la ley de la gravedad?
Algo similar están haciendo aquellos que atacan a Cienciología. Cienciología, en cuanto al conjunto de leyes que contiene, es inatacable. Lo que sucede dentro de las organizaciones, me refiero a los problemas humanos que surgen en ellas, son cuestiones que no tiene nada que ver, reitero, con los postulados contenidos en Cienciología. Sinceramente no sé cómo ser más claro.
Extremando los ejemplos, a fin de que no queden dudas sobre el error de atacar a Cienciología, lo brinda el caso de que alguien criticara las reglas matemáticas de la construcción de puentes por el hecho de que algunos de ellos se han venido abajo.
Parece increíble, por lo tanto, que aún se siga debatiendo sobre qué es Cienciología en realidad, si es ciencia o religión, si tiene oscuros secretos, y toda la lista de disparates que se han dicho sobre ella.
Aunque muchas veces hemos tratado de dilucidar la verdad que se esconde detrás de tantas opiniones delirantes, es conveniente volver a referirnos al tema.
La primera aclaración fundamental es que ni Dianética ni Cienciología fueron creadas por L. Ronald Hubbard, de la misma forma que Copérnico tampoco creó el sistema heliocéntrico, solo fueron sus descubridores. En otras palabras, las leyes que rigen a Cienciología y las que rigen al heliocentrismo existieron siempre porque forman parte de la Creación como las piedras y las estrellas, como la ley de gravedad y la ley de causa y efecto.
En segundo término, Cienciología, como lo hemos sostenido muchas veces, no es una religión en el sentido que se le da a esta palabra, sino lisa y llanamente una ciencia exacta. Hubbard la declaró religión simplemente para evitar los ataques de la Psiquiatría, que veía que su reinado estaba siendo amenazado por esta nueva ciencia. En buen romance le estaba vaciando los bolsillos. Solo funciona como religión en aquellos países donde se la persigue. En Argentina, por ejemplo, funciona legalmente como asociación civil.
¿Pero entonces a qué se debe todo este debate interminable en el que parece no llegarse a ninguna conclusión? La respuesta es tan simple y tan obvia que resulta increíble que nadie la haya encontrado y que ya la hemos insinuado, y es que hay que separar a Cienciología, como filosofía aplicada, de Cienciología como conjunto de miembros que la aplican.  
Cienciología, como filosofía aplicada, es una ciencia, como ya señalé, que contiene postulados irrefutables, y la prueba está en  que cuando la tecnología se pone en práctica funciona. Y funciona siempre. Es como la tabla de multiplicar: dos por dos da cuatro. ¿Dónde está entonces el problema? El problema está en los miembros que la componen, cabe reiterar. Me refiero a su conducta reprochable, claro está.
En otras palabras, y siguiendo el ejemplo de la tabla de multiplicar, si ésta se pone en manos de personas que dicen que dos por dos da cinco, es obvio que el problema no está en la tabla de multiplicar sino en quienes la utilizan. 


Esta confusión entre Cienciología y cienciólogos es lo que ha llevado a esta ciencia a un debate totalmente absurdo. En pocas palabras, ¿qué tiene que ver Cienciología con sus integrantes? Pues nada, absolutamente nada. Expresado de otra manera, si los cienciólogos hacen desaguisados, echarle la culpa a Cienciología parece poco menos que ridículo. Es como echarle la culpa a la ley de gravedad porque un puente se vino abajo.
Recuerdo una película que se llamaba “Las Grandes Maniobras”, donde uno de los personajes le decía al otro: “La guerra es una cosa demasiado sería como para dejarla en manos de los militares”. De la misma forma, utilizando la misma ironía, podría decirse: “Cienciología es una cosa demasiado sería para dejarla en manos de los cienciólogos”.


Cuando Hubbard descubrió la tecnología para devolverle al hombre su cordura (Hubbard la descubrió, no la creó, vuelvo a aclarar), plasmada inicialmente en Dianética, se dio cuenta de que pasarían mucho años antes de que los miembros pudieran alcanzar los conocimientos y las habilidades que él tenía, de modo que tuvo que resignarse y adaptar la técnica a fin de que pudiera ser aplicada por los que recién entraban en la organización.
Fue algo así como dejar a cargo de simios las ametralladoras con solo dos o tres lecciones de tiro. No estoy criticando a Hubbard, sino que estoy señalando que no tenía otra alternativa que proceder así.
Para acotar todo lo posible los errores en la aplicación de la tecnología, Hubbard detalló minuciosamente los pasos a seguir en las denominadas “Políticas”. Y estableció penalidades muy severas para aquellos que se apartaban de ellas. Hubbard sabía bien con los bueyes que tenía que arar…
La razón de esto fue que como la tecnología funcionaba, es decir, era exitosa siempre, si fallaba no era culpa de ella sino del que la aplicaba. Esto reducía la búsqueda del problema, ya que se sabía que solo  se trataba de un error humano.
El temor lógico de Hubbard era que el procedimiento dianético o cienciológico se mezclara con otras técnicas, en la creencia de que más o menos eran lo mismo. Por ejemplo, son muchos los que aún creen que Cienciología es una especie de Psicoanálisis mejorado. Nada que ver.
Al parecer, Hubbard se dio cuenta de que el hombre tiende a incorporar al proceso sus propias ideas, incluso cuando todavía no conoce bien la tecnología que está aplicando.
La rigurosidad de Hubbard tenía otro motivo muy importante: para que la tecnología funcionara tenía que aplicarse tal cual él la había diseñado. En otras palabras: “éstas son las reglas para construir un puente, síguelas al pie de la letra y tendrás una construcción sólida, equivócate y el puente se vendrá abajo”.


Antes de entrar en Cienciología yo me había psicoanalizado durante dos décadas, y si bien por un lado fue un obstáculo para lograr rápidos progresos (el Psicoanálisis es incompatible con Cienciología), por el otro me sirvió para darme cuenta de que la nueva ciencia estaba brindando las pautas de por qué el Psicoanálisis era ineficaz. También me di cuenta de que mis conocimientos de Psicoanálisis me hacían comprender mejor a Cienciología (“para evaluar un dato se necesita otro dato de la misma magnitud”), algo que no sucedía con los otros cienciólogos que jamás se habían psicoanalizado.
Dentro de la organización, si bien es cierto que por un lado yo resolvía perfectamente mis problemas con la auditación y los cursos, por el otro tenía grandes encontronazos con mis compañeros, que muchas veces interpretaban cerradamente (quiero decir “demasiado literalmente”) las indicaciones que Hubbard había dejado escritas en sus Políticas. Es algo similar a que un juez aplicara estrictamente el texto de la ley en lugar de interpretarlo racionalmente, lo cual puede conducir a verdaderos disparates.
No quiero detenerme en explicar estos encontronazos, pero sí por lo menos mencionar uno de ellos. Hubbard decía, por ejemplo, que “Nunca, nunca, nunca, se debe interrupir al estudiante en la Academia”. La interpretación que hacían de esta regla era que “nunca es nunca”, por lo que no había que interrumpirlo ni siquiera que se le esté incendiando su casa o su madre se esté muriendo porque la atropelló un colectivo y los cirujanos lo estaban esperando para que firme la autorización para operarla.
En este sentido me di cuenta de que los cienciólogos tenían muchas dificultades para interpretar correctamente las políticas de Hubbard y por eso llegaban a conclusiones tan absurdas. Obviamente, en el caso de “nunca, nunca, nunca” Hubbard estaba destacando la importancia de no interrumpir al que estudia, por lo que no debía hacérselo si no se trataba de una emergencia insuperable.
En una ocasión en que mi hija estaba estudiando en la Academia, yo la había ido a buscar porque teníamos que hacer una diligencia importante y no me autorizaron a llevármela hasta que no terminara la hora de estudio, decisión con la que me complicaron todo el día. Y tengo cientos de anécdotas similares. Estas cosas obviamente exasperan los ánimos, pero nunca me motivaron para hablar mal de Cienciología. Hubiera sido totalmente absurdo que lo hiciera.
Existen pruebas a la vista de lo que digo porque es fácilmente demostrable. Todo el que habla mal de Cienciología, si estuvo dentro de la organización, es porque existió algún problema con otro u otros cienciólogos, nunca con la tecnología. Y de ahí el error, porque debieran hablar mal, en todo caso, de sus problemas con otros miembros de Cienciología, no con Cienciología en sí.
Por otra parte, quienes han atacado a Cienciología y nunca estuvieron dentro de la organización ni siquiera para hacerse un test, lo han hecho siempre refiriéndose a la conducta personal de Hubbard y nunca a la técnica. Esto es un total disparate porque ¿qué tiene que ver Hubbard como persona, que quizás puede haber sido un hombre imperfecto en su vida privada, con la tecnología que desarrolló?
¿Qué podríamos pensar de un crítico que hablara mal de las ejecuciones de un concertista de piano basándose en que tiene dificultad para utilizar los cubiertos? Así de disparatada es la cosa…
Cuando nosotros necesitamos, por ejemplo un médico, acudimos a él teniendo en cuenta la tecnología que aplica, no por su conducta en su vida personal, que incluso con toda probabilidad desconocemos. Es más, a veces ni siquiera estamos seguros de cómo se llama el médico que nos atiende. Y nos basamos para evaluarlo por los resultados de la técnica que aplica, no por cómo es él afuera del consultorio.
De la misma forma, criticar una tecnología atacando arteramente a quien la desarrolló, en lugar de explicar detalladamente por qué no sirve, es un disparate de marca mayor. Simplemente no tiene sentido. Y reitero, pueden buscarla hasta el agotamiento que no van a encontrar jamás una sola crítica a la tecnología de Dianética o de Cienciología, sino solo a Hubbard como persona, y siempre inventándole defectos que jamás tuvo.
En conclusión: ¿Es criticable Cienciología en cuanto a filosofía aplicada? La respuesta es que no, en absoluto. ¿Son criticables los cienciólogos que con su comportamiento han comprometido a la institución? La respuesta es sí, absolutamente. ¿Es un disparate, entonces, confundir a la institución con sus miembros? Sí, por supuesto.
La inmensa mayoría en todo el planeta que ha utilizado la tecnología desarrollada por Ronald Hubbard y plasmada en Dianética y Cienciología ha resuelto infinidad de problemas que ninguna otra tecnología iba a poder solucionar. Por los pocos que han tenido problemas en la organización, no con la tecnología sino con otros cienciólogos, que es casi seguro que ellos mismos han provocado o simplemente no han sabido resolver, quizás por algún malentendido, no se puede juzgar a la institución en sí. Cienciología sirve, pero los cienciólogos no siempre.
Y ésta es toda la historia de los ataques a Cienciología, quedando la duda de que quizás los que la atacan saben que la tecnología funciona y como no la pueden criticar en base a ella aprovechan para hacerlo indirectamente criticando a su fundador. Y lo mismo vale para aquellos, especialmente psiquiatras, que han criticado a Cienciología atacando a Hubbard, pero sin tener la menor idea de su tecnología.
Y yo desafío a cualquiera que ataca a Cienciología que me demuestre que la tecnología desarrollada por Hubbard no funciona. Hasta ahora, en más de medio siglo de su existencia, nadie lo ha hecho.

NOTA ADICIONAL DE HORACIO VELMONT


En todo el planeta. como ya señalé, existen miles de organizaciones de Dianética y de Cienciología y millones de personas que han resuelto muchos de sus problemas con la tecnología desarrollada por L. Ronald Hubbard, siendo ínfima la cantidad de personas las que por una razón o por otra no han logrado beneficiarse. Habría que analizar en cada caso las razones, que nunca pueden deberse a la tecnología, sino a su errónea aplicación o a problemas con otros cienciólogos, que son harina de otro costal.
Voy a relatar uno de los problemas que tuve con la organización –no con Cienciología, aclaro– por la que fui echado. Resulta que me llevé un libro de Hubbard para leerlo en casa, obviamente sin intención de robármelo, pero violando la regla de que tenía que haberlo pedido prestado, con lo que no había ningún problema.
Pero sucedió que en el interín todos los miembros tuvimos que pasar por el E-Metro, que si bien no es un detector de mentiras sino un detector de “cargas negativas” sirve como tal, y resultó que la aguja del cuadrante se movió cuando el auditor me preguntó si tenía en mi poder algún material de la organización.
No es necesario que yo respondiera nada porque el aparato lo indica automáticamente, y en este caso el aparato señaló que sí. En ese momento yo no supe que el aparato me había delatado. Aclaro que este chequeo es rutinario en las organizaciones de Cienciología, ya que el cienciólogo tiene que ser alguien muy ético.
El caso es que al día siguiente concurrí a la organización y mi casillero no estaba. ¡Me habían echado! Para volver a entrar tuve que hacer lo que se llama un “manejo de ética”. Me dieron una planilla en la que había que buscar definiciones, siendo una de ellas “deshonestidad”.
Cuando ví esto, realmente me enojé y me fui de la organización considerando injusto que se me llamara deshonesto solo por haberme llevado un libro prestado sin pedir permiso.
A los dos meses me llamaron de la organización preguntándome que me sucedía. Se los expliqué y me respondieron: “La definición pedida sobre honestidad no está prevista individualmente, sino que está impresa y se les pide a todos en general”.
Esto se llama “malentendido devastador”, pues yo creía que esa definición me la habían pedido a mí en particular. En otras palabras volví a la organización. Si no me hubieran llamado para averiguar  qué me sucedía yo hubiera seguido fuera de la organización simplemente por un malentendido mío.
Estos problemas de malentendido son comunes en la organización. Desde ya que en ningún momento hablé mal de Cienciología ni tampoco la había abandonado porque la tecnología no funcionara. En realidad yo era el único culpable, no la organización.
Quien ha leído esto ya podrá imaginarse los problemas que pueden surgir en las miles de organizaciones de Cienciología en todo el mundo, pero siempre se tratará de problemas humanos porque, reitero, la tecnología funciona siempre como un reloj. Dos más dos siempre serán cuatro, por más que alguien de pronto se le ocurra que son cinco. ¿Se entiende a qué me refiero?
En uno de los casos que me tocó atender como auditor fue el de una mujer que había sido violada. Tenía el test totalmente bajo a causa de la depresión. Ya con la primera auditación el test subió y la depresión le desapareció. La técnica dianética, que es muy sencilla, hizo que desapareciera la carga del incidente, que era lo que le provocaba la depresión. Dianética no borra el recuerdo de lo sucedido, sino que le elimina el dolor físico y emocional. Lo sucedido, entonces, pasó a formar parte de las experiencias comunes de la vida y ya no le iba a causar ningún trastorno. Los recuerdos no son aberrativos: solo lo son cuando contienen carga.

Yo personalmente he visto cómo la tecnología, bien aplicada, siempre funciona. ¿Cómo entonces voy a criticar a Cienciología o a no defenderla si los problemas que he tenido dentro de la organización siempre se debieron a disputas con los otros cienciólogos y nunca sobre la bondad de la tecnología, que tanto me ha servido y me sigue sirviendo en el diario vivir?

martes, 30 de septiembre de 2014

La Verdad sobre los actos hostiles

por Horacio Velmont

Infierno

Uno de los engaños más vergonzosos de las religiones es hacernos creer que existe el Infierno, al cual iremos por toda la eternidad si “pecamos”. La idea de un Infierno no ha sido más que un invento del clero con la idea de amedrentarnos y hacernos sentir culpables, que no es más que un medio de manipulación. Si alguien quiere manipular a un semejante, basta con hacerlo sentir culpable de cualquier cosa.
Por supuesto que junto a ello se encuentra el otro invento vergonzoso de que solo con la intermediación de los sacerdotes de turno no salvaremos del Infierno.
No es necesario ahondar más en estas premisas porque son conocidas por todos. Lo importante aquí es poner las cosas en claro.
La idea del Infierno  –en esoterismo se conoce como “La Octava Esfera”– como un sitio al que iremos si nuestra conducta es muy mala, es absolutamente falsa. Incluso al mismo Jesús se lo hizo descender en los textos bíblicos a ese lugar como para dar mayor veracidad a su existencia.


Si alguien ha cometido actos hostiles contra sus semejantes, por supuesto que dichos actos le pesarán, no es que saldrá librado al desencarnar como si nada hubiera hecho. Pero no irá a ningún sitio o espacio, ni físico ni psíquico, solo sentirá en sí mismo las sensaciones que se vinculan a sus actos hostiles. Y por supuesto que no será algo agradable.
Los Maestros siempre nos advertido de las consecuencias de nuestros actos: “La siembra es libre, la cosecha obligatoria”; “Quien siembra vientos recoge tempestades”; “El que a hierro mata a hierro muere”. Pero todos estos refranes significan lo mismo: “El que las hace las paga”. Estamos hablando de consecuencias de nuestros actos, no de la Ley del Talión.
A estas alturas quienes están leyendo se preguntarán si no estamos perdiendo el tiempo con algo tan remanido, y la respuesta es que es solo el preámbulo porque hay algo más.


Para explicar ese algo más tengo que remontarme a una experiencia propia en Cienciología, tan combatida por aquellos que no saben lo que significan en realidad los descubrimientos de L. Ronald Hubbard sobre la mente y la conducta humana. Antes de él no se sabía por qué los hombres actuaban tan aberradamente. En otras palabras, no se conocía la ciencia de la mente. Su contribución a la humanidad fue precisamente darla a conocer por primera vez en la historia de este planeta.


Hubbard inventó un aparato que denominó “Electropsicómetro” (abreviatura: “E-Metro”), que en Cienciología se define como “aparato religioso utilizado como ayuda espiritual en la auditación”. Esta definición es falsa, porque el aparato no tiene nada de religioso ni es una “ayuda espiritual”.
Cienciología no es una religión aunque se la haga aparecer como que lo es. Funciona como religión porque de esta manera aquellos que con gusto verían que desaparezca no pueden hacerlo porque los cultos están protegidos por la ley. Hubbard no tuvo otra alternativa, en sus comienzos, que inscribirla como religión porque estaba siendo atacada, especialmente por la Psiquiatría, y su existencia peligraba.
Realmente fue genial eso de “aparato religioso” y “ayuda espiritual”, con lo cual logró engañar a todos los que lo atacaban. Por supuesto que eso ahora no es tan necesario y solo funciona como religión en aquellos países donde se la combate. En la Argentina, por ejemplo, funciona como asociación civil.
El error de muchos al atacar a Cienciología es confundir la institución, que es rigurosamente científica, con los cienciólogos, que son los que la aplican, y que en muchos casos no se comportan correctamente. Pero esto es harina de otro costal.
Cienciología no tiene nada que ver con la religión, salvo para protegerse de aquellos cuyo cerebro es tan pequeño como para comprenderla. ¿Qué es, entonces? Pues simplemente es una organización científica que aplica conocimientos científicos para resolver el problema de la conducta aberrada.
No me voy a centrar en los descubrimientos de Hubbard, porque ellos están claramente expuestos, por lo menos los básicos, en su libro “Dianética, la ciencia moderna de la salud mental”. Aclaro que Dianética fue el principio, luego continuó con mas descubrimientos que aglutinó en lo que denominó “Cienciología”.
Mi experiencia con el E-Metro dará la pauta de que los “castigos” a nuestros actos hostiles no serán aplicados en un “más allá” sino en un “más acá”, y bastante rápido por cierto. Diría casi “instantáneo”.
No es un relato inédito porque ya lo hice en algunas oportunidades, pero siempre es bueno reiterarlo para aquellos que se les pasó por alto.
Cuando entré en la Asociación Dianética, hace un par de décadas  (su sede estaba en Lavalle al 900) me hicieron una prueba con el aparato. El auditor me pidió que tomara las latitas y que hiciera mentalmente el recorrido que había hecho desde mi casa hasta la sede de la Asociación. Lo hice y cuando crucé (mentalmente, claro está) la calle Carlos Pellegrini llegando ya a la sede, el auditor exclamó: “¡Eso es!”. Estas palabras son la clave de que la aguja del cuadrante se había movido marcado carga. Es decir que en ese lugar había sucedido un incidente que había implantado carga en mi mente reactiva.
Realmente estaba sorprendido y muy escéptico porque en ese momento no recordaba ningún incidente en ese lugar. Pedí volver a repetir el recorrido y el resultado fue el mismo. Pedí repetir una vez más la experiencia con la expectativa de burlar al aparato y para hacerlo fui con mi mente por otros lugares que realmente no había recorrido. El auditor se mantenía en silencio. De pronto, crucé mentalmente a toda velocidad otra vez la calle Carlos Pellegrini y el auditor volvió a exclamar: “¡Eso es!”. La prueba había sido concluyente: el aparato algo registraba de mi mente y que tenía carga.
Por supuesto que más tarde, en una sesión de auditación, averigüé qué había sucedido en ese lugar, pero su relato carece de interés en este momento, en el que solo trato de exponer que los actos hostiles tienen consecuencias inmediatas en nosotros en forma de carga.


Otra experiencia brindará mejor esta pauta. Siempre con el E.-Metro y manteniendo en mis manos las latitas, el auditor me preguntó si alguna vez me copié en la escuela. No acabó de preguntármelo cuando exclamó: “¡Eso es!”. A los pocos segundo recordé que sí me había copiado. El E-Metro había detectado la carga de ese hecho. No el hecho, aclaro, sino la carga, ya que el aparato ignora a qué se debe la carga, solo la registra.
La mejor experiencia de cómo funciona este aparato la brindó el hecho de cuando el auditor me pidió que me pellizque el brazo. Lo hice y después de pasado unos minutos me pidió que recordara el pellizco. Mostrándome el cuadrante, yo mismo vi cómo la aguja marcaba la carga de ese hecho (la carga se implante a nivel celular). Repasé el pellizco y la carga se borró y la aguja flotó libremente.
¿Qué sucedería, entonces, con nuestros actos hostiles graves si el hecho de un simple copiado cuando somos niños implanta carga en nuestra mente?


Estoy convencido de que si un corrupto, por exponer un caso extremo, toma las latitas y el auditor le pregunta si alguna vez cometió un acto de corrupción, la aguja del cuadrante marcará el máximo de carga, si es que el aparato no revienta, valga la ironía.
No existe ningún “Dios Castigador”, pues somos nosotros mismos, aunque no lo sepamos, el que nos castigamos. Y no hay forma de cubrirnos, porque estamos constituidos así. Solo podemos eliminar la carga una vez que “pecamos” (el verdadero pecado son los actos hostiles contra nuestros semejantes, aunque también contra nosotros mismos, por ejemplo cuando nos copiamos en la escuela).
El procedimiento para eliminar la carga de nuestros actos hostiles, que no es tema de este artículo, se aplica en las organizaciones de Cienciología. Es el procedimiento más doloroso de todos porque uno tiene que enfrentarse con el daño que hizo a sus semejantes.

Curiosamente, la confesión de los pecados de algunas religiones es un remedo de esta técnica. La recompensa viene después, cuando la aguja del cuadrante flota indicando que las cargas han desaparecido y uno siente el consiguiente alivio.

Quienes han pasado por esta experiencia saben en carne propia lo que significa el refrán: “La siembra es libre, la cosecha obligatoria”, y como ya dije, eso no sucede en ningún hipotético más allá, sino en un bien seguro más acá. Y lo que también es seguro es que lo que uno libera en el plano físico no se lo lleva al plano espiritual.

Para más información sobre los efectos de los actos hostiles y la Ley de Causa-Efecto ver artículos en "Karma" y "Consultas"