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jueves, 24 de septiembre de 2015

COBRAR O NO COBRAR; THAT’S THE QUESTION,


Dinero y espiritualidad


 Gustavo Fernández





Se trata de una discusión tan vieja como el inicio —ambiguo— de esta Era de Acuario. Terapeutas alternativos, complementarios y holísticos, parapsicólogos, orientadores y facilitadores en técnicas y recursos para el despertar espiritual, la autorrealización y la autoayuda, ¿debemos cobrar o no por los servicios que ofrecemos?

Quien avisa no es traidor: yo vivo de estas actividades, gracias a estas actividades y (lo más importante) para estas actividades. De donde deviene una observación no menor: ello me permite ser un “profesional a tiempo completo”. Poder vender mis libros, arancelar mis cursos y consultas no sólo se ha transformado con el correr del tiempo en un digno modus vivendi: me ha permitido optimizar lo que hago y lo que brindo. Simplemente, sostengo que si tuviera que manumitir mis necesidades con cualquier otro trabajo, tan respetable como éste, el mismo (éste, no aquél) quedaría circunscrito a la categoría de un deseado pero no siempre bien atendido hobby y, por carácter transitivo, mi formación, la investigación, la experimentación (raíces sobre las cuales se construye una correcta devolución al prójimo) se verían cuando menos severamente limitados. Claro que alguno (de esos que duermen la siesta enroscados en la pata de la cama) podría sostener que soy yo quien etiqueta mis quehaceres como “dignos” y “respetables” pero, para otras opiniones, podrían no tener nada de ello. Simplemente me encojo de hombros y si, “por sus obras los conoceréis”, aduzco que sean los receptores de mis esfuerzos los que juzguen. Y éste no es un mero argumento ponciopilateano: la discusión ética debe enfocarse en si el público recibe lo que espera, y si uno, el profesional alternativo, cumple con justeza lo que promete. Si estos segmentos de la ecuación se cumplen, se cumple el contrato social estipulado entre las partes, ambas entonces satisfechas, y no sólo es legal: es también moral.

Queda claro que hay miles de apasionados en estas disciplinas que no pueden, aún, dedicarse de manera absoluta a estas actividades. En unos casos, porque lo ven incorrecto (volveré sobre ellos enseguida), en otros, porque encuentran dificultades para instrumentarlo. Pocos conocimientos para hacer marketing de sí mismos, dificultad para insertarse en el medio social donde se desenvuelven, incomprensión de allegados, familiares o amigos. Son razones atendibles y, en todo caso, modificables.

Pero también se presenta otro argumento en contra. Y es aquel que sostiene que si estos conocimientos llegan de… (y aquí un largo número de sustantivos al gusto de cada uno: Dios, el Universo, los Registros Akhásicos…) esa es razón más que suficiente para no arancelarlos. Con todo respeto, digo, pierden de vista que, si bien es cierto que muchos de esos conocimientos nacen en ámbitos espirituales, se materializan en sus vidas a través de aprendizajes que insumen tiempo, dinero, inversión en materiales, en ocasiones viajes y gastos colaterales… Pero también, porque ustedes, nosotros, nos desenvolvemos en este plano cuatridimensional donde, a la par de considerar, evaluar y sopesar todo tipo de energías con las que interactuamos, no podemos evitar uno de los vectores del sistema: el dinero. Otra energía, a fin de cuentas, que no es un fin en sí misma sino un medio para. Feliz de aquél, de aquella, que tiene su vida material resuelta y puede elegir no cobrar porque su supervivencia de todos los días está asegurada. Los otros (nosotros) pobres obreros del Cambio y aún incrustados en el Sistema, necesitamos manejar esa energía tanto como otras.

Además, lo que no duele, no sirve, solía decir en un castellano macarrónico mi primer sensei de Karate. Y el “ponja” (japonés, con todo respeto) tenía razón: a pocos les duele algo tanto como cuando tienen que llevar su mano al bolsillo. Entonces asistimos a una riada de gente muy evolucionada y ascendida que llega al extremo, casi, de “exigirnos” dar lo poco que sabemos o podemos en las condiciones, claro, que ellos dispongan.

El problema no es cobrar. El problema es cobrar desmedidamente. El problema es elitizar el conocimiento. Resúltame risible recibir de vez en cuando algún mail (aunque no lo puedan creer) de algunas personas que literalmente demandan que dé todo gratis, y al cabo de unos meses encontrarme con algunas de esas personas asistiendo a talleres de ciertos instructores y “maestros” tasados en cientos de dólares. Pero, claro, se trata de instructores y “maestros” siempre extranjeros y, en lo posible, angloparlantes. Una vuelta de tuerca al cholulismo seudo espiritualista. O planteémoslo de otra forma: si lo nuestro debe ser una obligatoria actitud de “servicio”, los destinatarios estarán, obvio, destinados kármicamente a ser “serviciales” con nosotros. Algunos dirán que está bien, pero que o esa correspondencia debe ser voluntaria, o debe ser en “especies”, ya saben, algunas herramientas circunstanciales: alimentos, vestimenta, viáticos, conseguirle al gurú de turno donde alojarse… Ahora bien, si consideramos esta segunda alternativa, yo, que conozco perfectamente mis necesidades, bien puedo establecer un “patrón de trueque” y entonces, ¿cuál es el problema en que ese “patrón de trueque” sea una suma dada de dinero? Y si se trata de la primera opción, todos —todos— sabemos cuánta gente mezquina hay que, vanagloriándose de su actitud pro espiritualista, boyan por la vida con los egoísmos de toda la vida.

¿Saben? Hace años hice la experiencia. Dediqué varios meses a brindar mi asistencia, información y orientación sin costo fijo, librado a la buena voluntad de los demás. A la vuelta de esos meses, los resultados daban vergüenza ajena, con el agravante de ser los que menos colaboraran quienes más importunaban. Así que regresé al tarifario. Aranceles de cursos y de atención personalizada previamente estipulados. Al que le parecía bien, ya. Y al que no, ¿por qué insistir conmigo, teniendo tantas opciones por ahí? Y sin embargo, ahí, precisamente ahí, era donde aparecían algunos obstinados que casi pataleando como niños malcriados me enrostraban eso de “¡No, yo quiero que usted me enseñe —o atienda — gratis!”. Ríanse. Me pasó más de una vez.
Pero si vamos al caso, mucho más hipócrita es la actitud de algunos “colegas” que exigen “donaciones amorosas” a precio fijo. Si una donación es tal, y encima es “amorosa”, no puede tarifarse. Sean sinceros y digamos, al unísono, la palabra tan temida: precio.
Claro es que hay gente que por su difícil situación personal no puede pagar. Por eso creo en la importancia de saber ajustar las cosas, de manera tal que sea funcional a las necesidades del que da, pero accesible aún a costa de quizás algún esfuerzo, del que recibe. Ustedes ya lo saben, yo mismo dicto varios cursos gratuitamente, como una forma de ser solidario con el conocimiento y poner al alcance de mucha gente lo que quizás no podrían obtener de otra manera. Pero de allí a concluir que uno (yo) tiene la obligación de dar todo gratis, eso orilla la falta de respeto. Porque revela la secuencia (i)lógica de su pensamiento: “si es del Universo —entonces— debe estar a disposición de todos —ergo— este tipo debe dármelo porque viene del Universo”.
¿Ah, sí?. Pues para quien piense así permítanme presentar otra cadena de razonamientos: “Si es del Universo —entonces— debe estar a disposición de todos —ergo— andá a buscártelo vos”.
Porque se habría olvidado un eslabón fundamental: el mensajero. Si a quien defienda esa postura le resulta imposible —o cuando menos difícil— obtener ese conocimiento “universal” por sí mismo, ¿no debería preguntarse qué circunstancias, por qué razones, uno (yo, o cualquiera) lo hemos alcanzado y él/ella no?. Claro que esas circunstancias no serán kármicas, ni de elecciòn por parte de algún ente superior. Serán (cualquiera sea el orden que prefieran), que uno ha invertido tiempo, dinero, esfuerzos para ese logro.
Quizás no valga la pena insistir. Quizás, y después de todo, como dijeran los profetas de Les Luthiers:
“Time, is money”

El Tiempo, es un maní.

sábado, 29 de agosto de 2015

Principio de Eternidad


El octavo principio universal y el misterio del color negro



En nuestra realidad material, todo lo que conocemos tiene un comienzo y un final. Nuestra guía para lograr comprender los sucesos y la historia de cada cosa y de cada Ser es la temporalidad. Sin embargo más allá del tiempo y como fondo del mismo, se encuentra aquel “Eterno Desconocido” espacio donde todo es posible, todo es potencia y todo puede gestarse. Ese espacio es la ETERNIDAD como el Principio de los Principios, o el más oculto y misterioso rostro de Dios.
El Ser humano, al ser un habitante más de la experiencia temporal propia del mundo manifestado, y al encontrarse de alguna manera “atrapado” en las leyes inferiores propias de la materialidad o fisicalidad, no puede comprender o concebir mentalmente la Eternidad, a menos que logre un momentus sagrado con la chispa de Dios que reside en él y que es causa de su propia identidad o Alma ancestral.
Parte de la gran lucha interior y exterior del Ser humano tiene sus raíces en esta incapacidad, que se ha vuelto cada vez más evidente en los últimos períodos evolutivos, debido a la gran desconexión que vivimos con el Conocimiento Espiritual y con nuestra propia Esencia Divina. Este principio es mencionado tan solo de manera superficial por filosofías que conservan trazos de este conocimiento y por las religiones, siendo señalado como un “inaccesible misterio” para la humanidad, un atributo exclusivo de un Dios separado de la vida cotidiana. Nada más lejos de la verdad.
Y en esa inconsciente, y a veces desesperada búsqueda, por ese “sagrado vínculo” que nos atrae a muchos, que nos hace buscar lo místico y nos impulsa a descubrir la verdad detrás de las apariencias de este mundo velado por la materia, suele suceder que nos perdemos en medio del camino. Algunas veces el resultado es el fanatismo del extremo escepticismo que nos hace cerrarnos casi definitivamente a la vida espiritual y centrar nuestra atención en lo visible; otras veces caemos en las múltiples trampas de la seudoespiritualidad, disfrazada de dogmatismos también fanatizantes y expresados en los cultos donde “lo negro” se vuelve una marca de identidad.


¿Acaso es el color Negro, llevado por sacerdotes, monjes, jueces, agentes secretos, rockeros, darks, hechiceros y “satanistas”, un emblema de perdición?. En absoluto. Sin embargo en nuestro inconsciente colectivo surge un rechazo o, a lo sumo, un asustadizo respeto, por este color. La pregunta siguiente es ¿Por qué? Y también, ¿Qué relación tiene este color con aquella búsqueda trascendental? ¿Por qué hago alusión al Negro al hablar del Sagrado principio de Eternidad?
El color Negro es la forma materializada de la mezcla de todos los colores del espectro de la luz. Cuando digo que es la forma materializada, me refiero a que es la forma en la que podemos visualizar en el plano físico, dicha mezcla, y esto solo es posible cuando logramos densificar el color al espectro visible o impregnar de color un elemento sólido. Al mezclar desordenadamente todos los colores –el desorden es la forma más primaria del Caos Primordial-, como ocurre cuando mezclamos una paleta de pinturas, aparece el Negro. Esto es tan solo una correspondencia física, a lo que en Esencia sucede cuando no hay diferenciación alguna entre los 7 Principios Universales restantes. Mezclar los colores, por lo tanto, es un intento, fallido en el mundo físico, de unificar estos principios desde su origen, cuando no podía expresarse ni siquiera la Luz misma, representada en el Blanco Puro o Principio de Verdad.
Sin embargo, en el mundo físico, no existe otra manera de recordar este estado original de La Luz No visible, Neutra o Cristalina –que es el trasfondo de la Inmortalidad, de aquello que está más allá del tiempo y de la Manifestación, Lo Eterno-, si no es a través del Negro, y nuestra Alma, en su recuerdo más olvidado, aún conserva este saber. Por ello, el color Negro es el representante, manifestado a nuestra vista, del principio de Eternidad, ya que es inspirador de profundidad infinita y tiene la fuerza de “Aquel que todo lo puede” como potencial de acción en el mundo físico. El color Negro es el sombrero de copa del Gran Mago, de donde puede “sacar” todo lo imaginable.

Esta es la razón por la cual desde la más remota antigüedad, el vestir de Negro o investir a una persona con este color es representar u otorgar al otro una relación o poder oculto y sagrado. También explica porqué algunas personas llamadas a una búsqueda más allá de lo superficial, se refugian en el Negro, y lo usan a menudo como una forma de “ocultarse” o rebelarse ante la realidad visible; se identifican con el misterio, con “lo secreto” y con lo desconocido, vistiendo el Negro. La Magia y la hechicería a menudo usan el negro como emblema, en relación al conocimiento oculto que preservan en su esencia positiva. Los religiosos que continuaron con la tradición de la investidura negra, hoy en día han olvidado el significado más profundo de ser “Portador del Misterio de Dios”. El Negro es por lo tanto un color que debiera tomarse como el más sagrado y oculto de todos los colores, sin ser en sí mismo un color verdadero, pues el Negro como ausencia de Luz no existe en la Manifestación más elevada de la realidad.


Pero, estamos en un mundo de máscaras, mentiras y tergiversaciones, y esta es la causa de que este color también sea utilizado para atacar al mismo Principio de Eternidad que lo sustenta.
Toda cualidad alberga el germen de su opuesto, por Ley de Polaridad; y el mal uso de esta Ley del Principio de Voluntad –Acción, en un mundo de densidad como el que vivimos ha generado la dualidad “bien – mal” como un enfrentamiento o guerra de tensiones entre nuestras más egoístas máscaras o demonios, tanto internos, como sociales.
El mal es una realidad creada en este mundo de imperfecciones. Es el desvío de la Naturaleza Sagrada que es perfecta y única; y como todo desvío solo trae consecuencias involutivas. En este transfondo sobre el cual nuestro mundo transcurre actualmente marcado por el ritmo del Tiempo, el Principio de Eternidad se opaca, cuando sus leyes dejan de ser aplicadas de manera consciente y los símbolos que nos hacen recordarlo son usados para introducir falsos arquetipos, como el tributo a la Muerte, la práctica de la Magia Negra, o el culto al satanismo, como expresión visible de las fuerzas ocultas del ser humano para el interés egoísta y mundano.
El color Negro bajo un contexto oscurecido por la ignorancia, se convierte en un símbolo opositorio a lo que en su sentido más originario representa. Quienes han hecho mal uso de las leyes de la Eternidad, han ocultado de manera egoísta este poder transmitiendo la distorsión de la Muerte como verdad ineludible.
Si bien es cierto que la involución humana (su degeneración genética y espiritual) ha hecho del hombre actual un ser atrapado en las redes del tiempo finito, un ser copartícipe de la entropía, del deterioro de la materia y de la ruptura con el mundo espiritual, convirtiéndose estos aspectos en experiencias tangibles; también es cierto que tras esta aparente finalización existe un principio de continuidad que permite que la vida continúe su curso sin obstáculos.
A través de la ciencia el hombre ha redescubierto que la materia no desaparece sino que se transforma, y este mismo saber, como reflejo de leyes superiores, nos hace ver que todas las cosas, seres y sucesos sufren cambios una y otra vez, y que la muerte, tal y como la comprendemos, con sus rupturas, quiebres, desapariciones, tan solo es el lado “visible” de una realidad oculta que subyace en el fondo, una realidad donde rige el principio de ciclicidad.


Por lo tanto, aquellos voceros y pseudo-sacerdotes de la oscuridad, que usan la muerte y el daño, como forma de finalizar y entorpecer procesos humanos solo nos han contado la mitad de la verdad, ocultándonos que posterior a todo detenerse y a toda desaparición aparente, solo existe transformación y cambio, y una temporal destrucción de lo viejo para dar comienzo a lo nuevo. El verdadero sentido de toda finalización es la transformación de las formas y la transmutación de su esencia en una versión mejorada de lo preexistente. Es en esta ciclicidad en espiral, que encarna la Naturaleza misma, donde nosotros como humanidad podemos percibir un claro ejemplo de lo Eterno, de aquello que continúa VIVO más allá de las apariencias.
El mal uso del color Negro, por lo tanto, es solo una práctica ilusoria, que pretende generar el mal en mentes y vidas donde abunde el desorden, la confusión, la debilidad moral, la distorsión y el caos, pero que sus efectos finalmente resultan superfluos ante las conciencias despiertas, capaces de transmutar aquellas fuerzas opuestas a la luz en un potencial de experiencia y sabiduría. La Magia Negra que emplea el poder del rayo Neutro e Invisible, en simbolismos de un inexistente “rayo negro”, aún cuando pueda generar destrucción, solo lo hará en aquello que deba ser cambiado, creando dolor donde hay ignorancia y miedo. Por otro lado, el Mago Blanco de la Verdadera Magia Ritual y el Mago Alquímico que se transmuta a sí mismo, empleará el color Negro y canalizará el Principio de Eternidad, haciendo uso de esta fuerza para la destrucción de ese dolor y dar muerte a lo que por Naturaleza y Conciencia no debe existir: todas aquellas distorsiones, falsedades, emociones y energías obstructoras de la continua fluidez de la Vida.
Lo anterior obedece al conocimiento de que ningún color, ni siquiera el Negro, trae el mal en su finalidad, pues son solo expresiones de la Naturaleza que obedece a Los Principios Universales y su fuerza o poder de manifestación solo dependerán del buen o mal uso que se de a dicha fuerza.
El Principio Sagrado de Eternidad, es la matriz, sobre la cual se teje la creación, el espacio infinito sobre el cual se construye la realidad. Por eso, la fuerza de lo que representa y la energía neutra que invocada y conectada puede entrar a nuestra vida es tan implacable y profunda que necesitamos ser dignos y puros para su utilización y percepción. Este Gran Espacio divino desde el cual todas las cosas pueden Ser, donde todos los demás Principios tienen su nacimiento y trabajan al unísono requiere un nivel y una aspiración de máximo respeto y conexión con el propósito de vida y con el Alma. Sin esta dignificación humana solo podemos ser simples testigos de su arrolladora acción sobre las cosas temporales, débiles y falsas de este mundo, y sin el debido conocimiento podemos convertirnos en cómplices del montaje limitante de quienes se oponen a la evolución humana.

Esto explica la importancia de la Transmutación interior (Depuración o Catarsis), del trabajo alquímico que le debemos a nuestra Alma. El color Negro nos recuerda esta tarea pendiente de cambio y regeneración, y este conocimiento sobre la limitada forma en que podemos concebir Lo Eterno, debe ser una inspiración para intentar conectarnos con nuestras Esferas de Consciencia, haciéndonos conocedores de la vida inmortal a la cual podemos aspirar si nos encausamos a cumplir en la Tierra, lo que el Cielo demanda: los 7 Principios complementarios: Verdad, Amor, Espíritu, Voluntad, Inteligencia, Unidad y Vida aplicados a la vida cotidiana.

lunes, 12 de enero de 2015

Vida después de la muerte

Se ha subido en video la canalización que fue realizada para responder las preguntas transcritas más abajo:

CONSULTA CANALIZADA: VIDA DESPUES DE LA MUERTE




PREGUNTAS VARIAS SOBRE EL ALMA AL DESENCARNAR.



1-     ¿El espíritu, puede llegar a morir o desaparecer? ¿O es eterno??

Siendo el Espíritu la chispa Divina o Sagrada, en otras palabras, la presencia del Absoluto o Fuente en cada ser, es de naturaleza inmortal. Él es la vida misma en nosotros que puede cambiar de forma y de estado pero no desaparecer. Lo que sí puede morir en caso de aislarse del Espíritu es el Alma, que es diferente del Espíritu, y es la que otorga individualidad (la que da forma a la gota del océano). Esta identidad psíquica puede destruirse en aquellos seres que tras muchas reencarnaciones no logran retomar el camino evolutivo (entran en una involución espiritual) o, puede conservarse y darnos la posibilidad de ascender a otros reinos evolutivos bajo nuevas y mejores identidades (como el reino Krístico, por ejemplo).

Para aclarar estas diferencias entre Espíritu y alma sugiero la leer el artículo El Alma: Puente entre espíritu y materia en la etiqueta “Esoterismo”

2-     ¿Cuándo decide el espíritu, encarnar de nuevo?

El Espíritu es inherente a todas las cosas existentes solo que en diferente grado, pero en el ser humano se expresa a través de su identidad o alma y ésta es la que “decide” o afronta por diversas leyes la tarea de la encarnación. Sobre la decisión que toma el alma al encarnar, sugiero la lectura del artículo Elección del alma al reencarnar en la etiqueta “Reencarnación”

En cuanto al momento en el que se realiza la encarnación va depender de factores kármicos individuales y nivel de conciencia del alma. Si se encuentra en un estado cercano a la dimensión física o no, influye también, es decir, si está en el bajo o alto astral –para lo cual tendría que estar apegado, despierto o consciente- en cuyo caso puede encarnar más pronto, o durmiendo en el “devachán” o plano mental que prolonga el tiempo de volver a encarnar, o si viene de otra realidad dimensional que no es de descartar. Es un asunto particular de cada alma.

3-      Cuando el espíritu desencarna, ¿se va junto con su 90% al nivel
espiritual al que pertenece?, o ¿tiene que esperar y rendir cuentas de la
vida que acaba de dejar?

No compartimos la visión de una separación espiritual en un porcentaje (90 -10), como lo hacen otros grupos o personas. Cuando el alma sale del cuerpo cuando este deja de funcionar –a lo que llamamos “muerte”-, simplemente lo explicamos como la finalización de un estado en el cual actuamos dentro de la dimensión física y nuestra alma, que continúa viva, empieza otra experiencia en otras dimensiones más sutiles. Sin embargo estas dimensiones (astral y mental (devachán) son espacios que corresponden a los mismos cuerpos sutiles del planeta y nuestra permanencia en ellos es una circunstancia que la naturaleza permite forzosamente con la muerte de los cuerpos humanos y de otros seres, porque en el proceso evolutivo lo verdaderamente natural es la transformación de los cuerpos físicos en energía más sutil, para pasar a reinos de mayor conciencia espiritual (este proceso se llama Ascensión).
Estas teorías de la separación del espíritu y su encuentro posterior con el mundo espiritual (como si lo espiritual no pudiera estar presente de manera permanente en la vida de todo ser encarnado) o con seres a quien “rendir cuentas”, son paradigmas demiúrgicos que se han implantado en la humanidad mortal, para desviarla del sendero evolutivo y poder ejercer sobre ella un control en todos los sentidos. De esta manera se logra generar expectativa que disfraza miedo y temor, se da por natural la muerte y se genera el sometimiento que da la resignación a un destino donde son otros u Otro (el dios falso de la mayoría de las religiones), quien decide nuestra vida y juzga nuestros actos.
Las consecuencias de los actos individuales se dan gracias a las leyes universales, específicamente la ley de causa-efecto, que explica que todo lo que nos acontece es producto de nuestros propios aciertos o desaciertos en el camino de la vida. Al morir solo damos continuidad al estado psíquico en el cual estamos, solo que en una dimensión más sutil, y de acuerdo a creencias o programaciones mentales estaremos despiertos en estas dimensiones para volver a encarnar o dormidos en un estado donde podemos crear una falsa realidad con los anhelos o miedos de la vida anterior. La evolución humana no es posible sin la experiencia de la encarnación, por eso cuando muere el cuerpo la vida continúa y se reestablece completamente con la encarnación en otro cuerpo físico, hasta el despertar de consciencia o hasta el deterioro progresivo del alma y su futura extinción.

4-     ¿Hay algún límite de encarnaciones para cada espíritu?, o ¿encarna cuantas
veces sea necesario para aprender y pasar a otro nivel espiritual?

No consideremos que exista un límite estricto para cada espíritu ni en general para la encarnación humana. El único límite que podría darse sería el natural a consecuencia de ciclos a nivel planetario en los cuales las almas no podrían volver a encarnar por falta de oportunidades suficientes o la inexistencia de cuerpos adecuados a su estado evolutivo actual. Los seres que desencarnan en este planeta, debido a que la evolución del humano mortal está prácticamente interrumpida por el caos que vive, quedan sujetos por ley del karma y vibración a encarnar nuevamente en este planeta, y como la vida de este planeta y de la especie humana está entrando en una entropía autodestructiva, puede haber un momento en donde la encarnación ya no sea posible en mucha almas que no logren retomar el camino espiritual. Esto ya ha ocurrido en pasados ciclos de destrucción masiva, ya que la naturaleza planetaria busca siempre reacomodar su desorden y “sanar sus heridas”, y las almas que no ascendieron y pasaron largos períodos desconectadas del espíritu quedan expuestas a la destrucción en dimensiones no físicas –como una especie de reciclaje de energía que se da a nivel de los sistemas planetarios-. Esto esotéricamente se conoce como el “tiempo de la cosecha y la siega”, donde los frutos se recogen y la cizaña se corta. Como explicamos arriba, pasar a otro nivel espiritual implica lograr el proceso natural de la ascensión durante la encarnación o entrar al estado “angélico” o de guerrero de luz –con cuerpo astral-, lo cual implica la purificación del alma.




5-     Sé que cada espíritu evoluciona de acuerdo a sus "buenas acciones y
obras" en el plano físico, pero ¿cuánto tiempo puede estar un espíritu en un
mismo nivel?
                       
La evolución no puede limitarse a la práctica de “buenas obras y acciones”, ya que estas a menudo se usan como máscaras que ocultan estados emocionales densos como el miedo o roles de superioridad ocultos. La persona que actúa con verdadera Voluntad, es decir direccionada por el Amor y la Inteligencia, es también aquella que ha vencido sus estados patológicos mentales y emocionales o está en esa lucha de conquistar los principios espirituales y aplicarlos en su vida cotidiana. Esta persona es la que está en proceso de realizar su Ascensión espiritual, y sus “buenas obras” , encarnado o no encarnado, son solo consecuencia de su coherencia espiritual. Una vez un ser humano ha alcanzado el estado de purificación astral o ha alcanzado el Reino Krístico, permanece a libre voluntad en tales niveles evolutivos. Los que no ascienden a dichos estados simplemente se mantienen en su condición de humanos. Como cada humano tiene un proceso diferente de acercamiento o alejamiento de su Yo Espiritual, no es posible ser medido o catalogado por “niveles”, simplemente sus logros reflejados por su karma positivo y por su servicio honesto son los que dan cuenta de su avance. No hay nada ni nadie que califique el “nivel” espiritual de un ser humano, y quien califique o juzgue o limite dicha evolución se basa seguramente en ideologías separatistas.

6-      ¿Qué hace a una persona, ser mala en el plano físico?, ¿el espíritu? Y
si esta persona que fue mala en vida, muere siendo mala, ¿su espíritu
encarnará en otra parte, siendo "malo"?

Nosotros nos abstenemos de calificar de “malo” a alguien, pero entendemos a que se refiere posiblemente a que esté en un estado de adormecimiento espiritual o muy contaminado de concepciones que lo alejan del camino evolutivo. Sin embargo es algo muy general y vago, ya que la mayoría de los seres humanos nos encontramos en ese estado y poner etiquetas de “malo” o bueno” siendo tan relativa e individual la toma de conciencia humana, es una manera muy dual y drástica de generar separación y rechazo.
El estado de adormilamiento espiritual o la decisión de tomar un camino oscuro o demiúrgico –porque también puede hacerse por libre albedrío, basado en la ignorancia o soberbia- se debe al alma, y no al Espíritu, como explicamos arriba. Es el alma quien es corruptible, al considerarse perfecta o “superior” sin serlo, y por lo tanto desunida, a todos los seres de la naturaleza y las leyes universales. También explicamos que aunque muera el cuerpo físico de un ser humano, su conciencia continúa en el mismo estado en el cual murió su cuerpo y al encarnar hereda o da continuidad a todos sus lastres o sus avances de la pasada encarnación.

7-      Cuando yo muera, ¿mi espíritu podría seguir cuidando a mis seres
queridos, aquí en la tierra?

Si usted se encuentra apegado emocionalmente a los seres que dejó en la última vida, es muy probable que pueda, por la fuerza de ese deseo, mantenerse en la dimensión astral más densa y desde allí estar cerca a ellos aunque estos no lo perciban a usted. Esto crea más angustia que beneficios, ya que no puede cuidar mucho de ellos en realidad, solo influir limitadamente en sus cuerpos sutiles (energético, emocional y mental) generando sensaciones o trasmitiéndoles ideas, que pueden ser percibidas o no dependiendo de su fuerza psíquica y de la capacidad de recepción del afectado. Por obvias razones, la comunicación entre seres en astral y encarnados es a veces difícil y no garantiza que pueda generar muchos beneficios, más bien puede ser un estado de intranquilidad del desencarnado ya que se expone a experiencias negativas en esa dimensión tan densa –a menos que haya alcanzado el estado de purificación astral, en el cual se ayuda desde una dimensión astral superior- . Sí pueden existir casos en los cuales, gracias a la intervención desde el astral por parte de seres queridos fallecidos, se han evitado situaciones adversas, pero esto no es la regla. También esto explica el fenómeno de las sombras o presencias que se pueden ver esporádicamente o que algunos con canales psíquicos abiertos pueden ver, llamados “fantasmas” de seres conocidos o que están apegados a un lugar. Pero muchas almas se cansan de estar en un estado de impotencia y se “marchan”, es decir, se dejan llevar por la fuerza vibracional del mundo astral que desintegra su cuerpo emocional, y luego su cuerpo mental –lo que queda del alma- pasa a ese estado de “sueño” inconsciente del que le hablamos.



8-     ¿Qué verá mi espíritu cuando regresemos a "casa" ? ¿Me esperará o
 recibirá "alguien" en el plano espiritual?

Parte de la ideología distorsionada que durante miles de años le han transmitido a la humanidad, es hacer ilusionar al ser humano con un mundo espiritual ajeno a la experiencia de la encarnación. Se enseña al humano mortal a anhelar un “hogar espiritual” fuera de la tierra que es inexistente. Algunos pueden sentir ese hogar como un “deja vú”, quizás, por provenir de otros sistemas galácticos, pero esto no podemos asegurarlo, aunque sí existen seres encarnados actualmente en el planeta que vienen de otros planetas de nuestro sistema, y una vez alcanzan su respectivo nivel evolutivo, seguramente tendrán la posibilidad de retornar a la raza original humana a la que pertenecen, que sería su “casa”. Lo que ellos “verán” no lo sabemos. Pero para los humanos cuyos arquetipos espirituales pertenezcan a la raza aria (ver simbolismo celta y nórdico), su “casa” de retorno está acá mismo en nuestro planeta.
Ahora si se refiere a un mundo idílico donde estamos unidos al Absoluto, para ello es imprescindible comprender que el proceso evolutivo es un larguísimo recorrido de experiencias, de las cuales como humanos tenemos muy pocas, y que la unión espiritual con la Fuente, sin que perdamos por ello la experiencia de la identidad individual, es muy lejana; antes tendremos la posibilidad de tener diferentes experiencias de vida en reinos superiores, si nos purificamos y conservamos nuestra Alma.
Si se refiere al estado postmorten, dependiendo del estado evolutivo alcanzado, se podría experimentar varias situaciones, bien sea encarnando como un humano perfeccionado (no en la superficie de la Tierra por supuesto) o manteniéndose en servicio como “ángel” si ha logrado purificar su alma. Ya dejamos a su imaginación quien podrá recibirlo en esos dos estados tan diferentes a la vida en esta parte del planeta. Obviamente, quienes no alcancen a realizar esta integración o purificación (es decir, encausar su destino espiritual para evolucionar), entonces se encontrarán, al morir sus cuerpos, con dimensiones igualmente densas donde su alma estará temporalmente “atrapada” hasta no hacer esta tarea. Dichas dimensiones artificiales ya las mencionamos (astral, devachan y posiblemente otras donde yacen las almas que está muy desintegradas). Lo que pueden encontrar allí no lo sabemos –ni recordamos- en detalle, pero si allí están personas en similar estado de conciencia, posiblemente se topen con ellas, y esto no solo incluye seres queridos, sino también los “no queridos” y otras entidades en peores condiciones espiritualmente hablando. Un escenario muy alejado del “cielo” que le han vendido a casi todas las personas. También cabe la posibilidad de imaginarse o crear de manera virtual un cielo ficticio en el devachán ya que es un campo mental donde el sueño en el que cae el alma lo hace buscar satisfacciones no logradas o soñar con experiencias relacionadas con sus creencias de encarnado. Como ve, cada experiencia puede ser diferente.

9-      Una vez que yo haya desencarnado, ¿podré ver al Maestro Jesús? ¿Es con él,
con quien tenga mi primer contacto, antes de seguir mi camino en el plano
espiritual?

Muchas personas ven al maestro Jesús al desencarnar, más como producto del concepto que de él tienen,  arraigado por su religión en su inconsciente, que por ser una experiencia real. No con esto descartamos la posibilidad de que el Maestro pueda transmitir a quienes le buscan con sinceridad parte de su energía y conceptos, pero si es importante diferenciar esta posibilidad de una visión del Maestro tal y como se presentó en vida humana, ya que su cuerpo físico lo transmutó el mismo en un cuerpo más sutil al convertirse en Kristo en la Ascensión. Los que proyecten mentalmente su cielo ficticio en el devachán, quizás lo incluyan en sus visiones imaginarias como fue mostrado por su religión, pero estando Él en el Reino superior siguiente, tendríamos que Ascender igualmente a este reino para estar realmente con Él. De ahí que su enseñanza girara tanto en que sus pasos fueran seguidos, en convertirse en camino de vida para nosotros los mortales, pues solo haciendo lo que Él hizo, podemos estar en ese Reino de los Cielos que tanto describió.



10-   ¿Cuál es la esencia de un espíritu? ¿De qué está compuesto ?

Esto no podemos responderlo. La energía Espiritual es la más elevada de todas las energías existentes en el universo y hablar del Espíritu, es como hablar del Absoluto, del cual podemos decir también muy poco. Solo sabemos que es la fuente de los principios superiores y su energía es acorde a dichos principios.

Pero si se refiere a la naturaleza del alma, es más accesible a la comprensión humana, y su energía, que es de un nivel más denso, es básicamente de Esencia Mental (una energía que ondula a una velocidad muy superior a lo que conocemos comúnmente como magnetismo). De todas maneras describir un cuerpo tan sutil sigue siendo un reto. Solo se sabe por la enseñanza arcana que los conceptos, las emociones y sentimientos, así como las ideas concretas de la mente biológica, hacen parte de ella. Pero su avance depende de qué manera sean depurados estos aspectos en unos más cercanos al Espíritu, es decir a los principios universales (Amor, Voluntad, Inteligencia, Eternidad, Verdad, Vida, Unidad, Espíritu), con lo cual su naturaleza dual dejará de serlo para integrarse a su origen verdadero. 

martes, 30 de diciembre de 2014

El Alma: Puente entre Espíritu y Materia


Consulta realizada en el 2009



Hola...
Volviendo al cuento de comprender la parte espiritual del ser humano que me comentabas, en esta definición de "espíritu" que pongo abajo, encuentro dos hechos por los cuales yo pienso que comprender el hombre a nivel espiritual es imposible...
Definición de Espíritu: Unidad de conciencia que habita e interactúa con el universo según las limitaciones de su propia condición y su libre albedrío. Cuando no está encarnado, el espíritu es un trazo de energía sutil que vibra en una sintonía particular, contiene conceptos (se comunica con otros espíritus a través de conceptos e ideas) y no tiene necesidades que satisfacer para subsistir. El espíritu es creado imperfecto (con mente reactiva y ego) para que evolucione. Todo lo que tiene vida en el plano físico, está animado por un espíritu (desde un ser humano hasta un microbio).
1º: Al ser el espíritu una unidad de conciencia que habita e interactúa con el universo, eso significa que al no pertenecer al plano físico o material, está "fuera de nuestro control" y del de los demás.
2º: Las “limitaciones de su propia condición y su libre albedrío”, se tiran en la batica roja de cuadros, porque ¿quién rayos sabe cuál es la condición del espíritu?, y en nuestro libre albedrío a veces hacemos cosas que dañan nuestro espíritu y no hay manera de que nos "ayuden", porque simplemente a uno no le importa y/o no escucha razones y cree que todo lo que hace está bien.
Bueno lo dejo, y si te motiva tu espíritu para seguir estudiando y comprender el espíritu y ayudar a la gente empiece por comprender el mío... y me cuenta... jajajaja ...
Después le doy otra charla sobre por qué no siempre uno debería ayudar a la gente!... y como decía un profesor mío: "Ahí le dejo la inquietud"...
Atte, SB

Respuesta de Daniel:

Hola SB,
Para empezar, te comento que no estoy de acuerdo plenamente con la definición que me has enviado de “Espíritu”, ya que es una descripción, dentro de nuestra postura, algo limitada y confusa, no incluye la diferencia entre el “Alma” como el atributo o medio del Espíritu que nos permite dicha conciencia que mencionas allí. Nosotros definimos (si cabe tener alguna autoridad para definir algo que desconocemos) al Espíritu como esa esencia que compartimos con todos los seres proveniente de lo Absoluto y eterno, “la Chispa Divina”, lo más elevado y sagrado que surge del origen o principio de todas las cosas, llámese Dios, o como se quiera llamar… Pero cada gota de esta luz para expresarse en nuestra forma humana tiene un “alma humana”…
Cada reino de la naturaleza tiene su propia alma, nosotros los humanos tenemos la nuestra que nos hace diferenciarnos de estos y de los demás seres humanos, haciéndonos seres individuales. El alma es el medio a través del cual cada Espíritu se conecta con el mundo físico, es el poseedor de la mente en el ser humano y por lo tanto es el Yo Conciente y real que tenemos.
Como has dicho, conocer los misterios de nuestro Espíritu es casi imposible, de no ser por la existencia del Alma, que es el puente, un puente Mental, con el mundo espiritual. Desafortunadamente, bajo este concepto que me enviaste que apoya la dualidad Espíritu–Materia como dos elementos irreconciliables, resultado de la fragmentación entre la racionalidad y la religiosidad en la historia humana, no hay otra manera de ver las cosas más que separándolas. Pero si integramos y comprendemos el concepto del alma humana, podemos acercarnos poco a poco al terreno de lo que no vemos, de lo oculto, condición que no tiene por qué condenarse a ser inaccesible, pues si bien, hay cosas que aún desde lo físico no vemos pero sabemos que existen, ¿cuál es la garantía de que no existan también otras realidades, dimensiones, o planos de conciencia que nos acerquen al alma y al espíritu?
Basándome en esta postura, que no es solo mía, sino compartida por muchas antiguas y también recientes enseñanzas (hablo tanto de la enseñanza arcana propia de las antiguas civilizaciones, como de recientes posturas psicológicas), te compartiré mi visión sobre los dos puntos mencionados en tu carta:

1º: Al ser el espíritu una unidad de conciencia que habita e interactúa con el universo, eso significa que al no pertenecer al plano físico o material, está "fuera de nuestro control" y del de los demás.

Ya sabrás que consideramos al alma y no al espíritu como la unidad de conciencia que allí mencionas. El alma, al ser un intermediario entre el mundo físico y espiritual, contiene una mezcla de ambos: como bien sabes si la mente superior (iluminada por el espíritu) tiene su reflejo en nosotros como encarnados (tenemos una mente, que sin embargo está más influenciado a nuestro deseo egoísta). Pero en realidad son una sola, simplemente la que tenemos proviene del alma. Esta es la manera en que el alma, como atributo del espíritu participa del mundo físico y no como planteas allí, que solo se mueve en su “universo”. El universo es todo lo manifestado incluyendo lo físico y todo está perfectamente conectado.
Por otro lado, nosotros, aun estando encarnados, estamos siendo permeados permanentemente por ese espíritu que vitaliza todo lo existente, que es parte de aquello sagrado que está en todas las cosas; por lo tanto eso de no tener “control”, sobre esa realidad que desconocemos, me suena a una necesidad humana de “hacer o dejar de hacer” sobre algo que habita en medio de nosotros. Cada uno establece esa conexión, pero a su propio nivel, de acuerdo a sus capacidades, evolución y comprensión de su propia naturaleza.



2º: “Las limitaciones de su propia condición y su libre albedrío”, se tiran en la batica roja de cuadros, porque quién rayos sabe cuál es la condición del espíritu, y en nuestro libre albedrío a veces hacemos cosas que dañan nuestro espíritu y no hay manera de que nos "ayuden", porque simplemente a uno no le importa y/o no escucha razones y cree que todo lo que hace está bien.

Hay una diferencia entre la condición espiritual y la mental o de conciencia que es propia del alma: el espíritu es luz pura que se enriquece a un más con cada experiencia de su alma (y para nosotros y para cualquier humano, es muy difícil conocer más allá de esto por nuestra propia pequeñez evolutiva).
El alma a su vez es quien aprende del mundo físico, por lo tanto es quien necesita del libre albedrío y de dichas limitaciones en su proceso de aprender, vida tras vida y NO el espíritu. El espíritu es incorruptible, mientras que el alma como unidad individualizada sí es permeable al “daño”.
Pero sin esta libertad de decisión sería imposible estar expuestos también al aprendizaje. En cuanto a que “no hay manera de que nos ayuden” por el solo hecho de que cada uno tengamos esa libertad, creo que es una postura bastante radical, siendo sincero con vos. Pero esa es nuestra visión, nutrida por la experiencia de montones de personas a las que gracias a su apertura mental, a su convicción, a su esperanza o a otros factores se han permitido que algunos de nosotros les demos una mano cuando lo necesitaron.
He conocido muchas personas incluso con posiciones cerradas y poco humildes que han pensado que los rebaja el pedir ayuda, o que están cegados en su visión y no se han permitido ver otras “maneras” de salir de sus conflictos. Algunas de ellas con el tiempo y la paciencia nuestra se han permitido recibir algo de lo que humildemente podemos dar, otras las hemos visto hundirse en sus propias ideas, y otras tantas salen solas. La vida es así.
Pero el hecho de que algunas tengan la fuerza suficiente de vencer a solas sus problemas, no significa que muchas no puedan ser ayudadas… y créeme, teniendo en cuenta el estado actual de la humanidad, son bastantes…
Finalmente con respecto a tu comentario de que siga investigando sobre el espíritu, te comento que es algo que no dejaré de hacer, como dice la frase del msn, es un “intento”, no un logro comprender al hombre. El hombre es un mundo digno de descubrirse y de estudiar, además de ser la primera obligación de todo hombre el de conocerse, más para actuar mejor, que para “creerse” mejor, confiando en que esa acción esté a favor del servicio a los demás.
Antes de empezar por comprender tu “espíritu” mejor intentaré comprender mejor mi alma y ser más útil. A la vez, por supuesto, podemos dar una mano a quien así lo quiera siempre, basados en nuestros pequeños logros y experiencias; a nadie se obliga a ser “ayudado”, el ofrecimiento es otro intento más que responde a una misión personal, porque si en el mundo no hubiese nadie que supiera más, o menos cosas de la vida o de cualquier tema, nadie aprendería nada, nadie podría ayudar a nadie… y esto más allá de ser un gozo para el alma que busca los caminos del amor, si creo que sea un impulso del espíritu humano, cuando el alma despierta se da cuenta que en el mundo no está solo…

Un abrazo.

Daniel 

lunes, 22 de diciembre de 2014

La trampa de la reencarnación


¿POR QUÉ MORIMOS Y REENCARNAMOS?

por Horacio Velmont



No voy a entrar en ningún debate sobre si la reencarnación es algo real o una mera superstición, sino que escribiré sobre la base de que tal evento es un hecho cierto y  que los seres humanos reencarnamos una y otra vez en el planeta Tierra. Así de escueto.
Las variaciones o alternativas a esto son infinitas, de modo que las eludiremos porque a nuestros fines exponerlas nos llevaría a otro terreno y perderíamos de vista nuestro propósito.
No sabemos si se trata de un error de construcción o algo hecho adrede, pero quien creó a la raza humana nos hizo mortales para que muriéramos, reencarnáramos, muriéramos, reencarnáramos, y así casi indefinidamente.
En estas infinitas reencarnaciones finalmente aprenderíamos lo absurdo que son y les pondríamos fin elevándonos al reino siguiente o por el contrario descenderíamos y terminaríamos reencarnando como simios.


Dije “simios” y esta aseveración no es ninguna alegoría. Los simios son reencarnaciones de espíritus que otrora reencarnaron en cuerpos humanos. Por supuesto que no deben haberse comportado bien para llegar a algo así. La siembra es libre y la cosecha obligatoria, y quien siembra vientos recoge tempestades.
La primera vez que tomé contacto con esta extraña idea fue leyendo a Helena Blavatsky, que lo afirmaba rotundamente en la Doctrina Secreta (el hombre no desciende del mono, sino que el mono desciende del hombre).
Más tarde lo encontré reiterado en El Evangelio de Nerón. Así lo había enseñado el Maestro Jesús: los micos son seres humanos degradados.


157 Mas quien a la hora de ser llamado a seguir el camino de la Vida Eterna, siguiera haciendo hijos mortales, más se alejará de la Gloria haciendo causa común con Ieová, que aprisionó a los hombres haciéndoles cuerpos mortales.
158 Por ello os digo que estáis a favor o en contra de mi doctrina, y no es posible estar tibio, porque los tibios están como sobre un hilo, y seguramente caerán al abismo, y luego nacerán como micos, esos que los fenicios creen que son animales, pero que en realidad son hombres caídos en la imperfección”.

Para comprender por qué afirmo que es un error de construcción el que nuestro final sea la muerte y la posterior reencarnación en ciclos indefinidos, hay que comprender primeramente cómo surgió la raza humana.
Sin entrar en detalles, la raza humana comenzó con la clonación realizada por Jehová de los famosos Adán y Eva. Sea por error de construcción de Jehová o algo hecho adrede por él para que no seamos igual de inmortales, en este momento lo ignoro, pero el hecho está a la vista: nos espera la muerte. La muerte como ser humano se entiende, porque como espíritu somos inmortales.
Si no fuera por ese error de construcción los seres humanos viviríamos indefinidamente -y no en la superficie sino en el Paraíso o Jardín del Edén ubicado en la Tierra hueca-, nuestro cuerpo no se deterioraría y después de mucho, pero mucho tiempo, quizás aburridos de la experiencia en el plano físico, al anhelar algo más trascendente automáticamente ascenderíamos al siguiente plano, el Reino Krístico.


Hace un tiempo se le hizo una consulta a la profesora Denyse, integrante del Grupo Ruanel, sobre el tema de la Ascensión, y su respuesta fue muy esclarecedora.

Estimada Denyse:
Atendiendo a “mi” supuesta ley de planos según el libro tibetano de los muertos y lo explicado en la Teosofía, ¿acaso no es posible alcanzar el séptimo cielo (reino crístico?) simplemente en una desencarnación normal, dada una evolución espiritual concreta? Y que me dice sobre evolucionar desde el otro lado…? No dudo que la ascensión pueda ser algo posible, el tema es: ¿es la única vía posible? o ¿hay varios medios para llegar al mismo fin?

Apreciado O.:
Muy interesante me ha parecido tu pregunta ya que uno quisiera que en verdad siempre hubiesen alternativas varias para el proceso evolutivo y que la muerte física no fuese un impedimento para ello. Sin embargo, si uno parte de ciertas premisas, la posibilidad de Ascensión sin cuerpo físico no tiene un sustento claro, especialmente si tenemos en cuenta que a menudo las enseñanzas del Libro de los Muertos ha sido mal interpretadas por carecer de dichas premisas, y por su parte la Teosofía, de la cual tuve la oportunidad de aprender en su momento, tiene una parte fundamental de las verdades espirituales mas no todas, y sigue dejando en el aire o en lo desconocido el tema de la vida eterna y la inmortalidad humanas. Hay mucho simbolismo en ella que ha convertido el esoterismo en “ocultismo” aunque no haya sido esa su inicial intención. En otras palabras, tiene elementos infiltrados de la demiurgia.
Pero no me interesa dilucidar la Teosofía sino más bien decirte a qué premisas me refiero para que puedas reflexionar tú mismo al respecto y sacar tus propias conclusiones:
En primer lugar, el Ser Humano para ser “humano” debe poseer un cuerpo físico. Un humano que desencarna -rompiendo con ello la naturalidad de su condición dada por el principio de Eternidad- no puede expresar su máxima condición ni puede realizar la obra o sentido de su existencia que es la vivencia de la materia para espiritualizarla, o como suelen decir algunos maestros, “Traer el Cielo a la Tierra, para que la Tierra se convierta en Cielo”. Un ser que pierde su cuerpo físico deja de ser humano en todo el sentido de la palabra para pasar a ser una excepción natural en la cual sus vehículos astral y mental quedan a la deriva, expuestos a la destrucción, y es ahí cuando los planos magnéticos de la Madre Tierra que vibran en astral y mental los tienen que acoger para procurar preservar el alma y darle posibilidad a nuevas encarnaciones. Si el ser humano fuese solo un “alma inmortal” no tendría sentido que la naturaleza se esmerase a través de sus leyes a llevarnos a nuevas reencarnaciones. La ley del karma cumple un sentido muy claro aquí de procurar que se complete el aprendizaje pendiente de depuración del alma para poder acceder al paraíso o lograr la Ascensión.
En segundo lugar si la Ascensión consiste en un cambio en el estado de materialidad del cuerpo físico humano, es muy probable que sin cuerpo físico no se pueda Ascender, pero esto es una deducción lógica y no sé si representa alguna ley. Considero que el proceso natural es que cada reino realiza una transmutación biológica, sustentada en el perfeccionamiento del alma o grupo de almas. Ni cristales, ni vegetales, ni animales mueren en el mundo intraterreno, se transforman para convertirse al reino siguiente. El humano también lo hace. La muerte es una paradoja que se generó por los errores demiúrgicos. Si entendemos que ésta última no es más que una desviación, tampoco tiene sentido alguno conservar la idea del supuesto desapego físico como excusa para llegar a una vida hipotéticamente eterna…de hecho bajo la luz de este saber, la muerte representa un obstáculo y no precisamente una “salida”, aunque se tome como escape psicológico para las masas que lo toman como fin inevitable.
El inconveniente de aceptar abiertamente esta visión de la inmortalidad humana como verdadero estado natural, ha sido que en este mundo donde estamos todo funciona al revés, y la verdad sigue oculta. Además que no queda evidencia alguna de los ascendidos por obvias razones -solo los miles de sudarios quemados por el vaticano-. Pueblos desaparecidos, sabios de los que no quedan evidencia física (tumbas), solo quedan en el enigma, porque los rastros físicos de su existencia anterior no encajan con la mentalidad que tiene la muerte como dogma de fe.



En tercer lugar, es contradictorio afirmar que pueda alcanzarse el estado Krístico si el ser humano no ha vencido la muerte. Si se logra dominar el mundo material al punto de vencer la muerte, es porque el iniciado ha superado todas las pruebas y aprendizajes para alinearse con todos los principios universales, incluyendo el más elevado que es el Principio de Eternidad. Las alegorías de los cielos se refiere a los estados del Alma, a los cuales no se llega sin la vivencia previa de la encarnación; también pueden interpretarse a los lugares de “estacionamiento” al desencarnar, y en este sentido serían solo un “stand by”, porque el alma de la mayoría de los desencarnados no puede avanzar más, solo los “puros” logran sostenerse de manera temporal en el astral por amor a los encarnados, sirviéndoles de mensajeros o guerreros. Aún así, tarde o temprano, estos también deben continuar su camino, realizando su Ascensión. Quizás solo en estas condiciones excepcionales sea posible hacerla sin cuerpo físico, pero es algo que desconozco.
Y por último, si es posible evolucionar de otra manera diferente a la Ascensión, lo dudo, porque ascender es igual a evolucionar. Pasar a otro reino es evolucionar. O permaneces en un reino estancado o pasas al siguiente y tienes nuevas experiencias, con otro cuerpo, otras formas de vida. Sinceramente, no visualizo de que otra manera puede entenderse la evolución, sacándola obviamente del mero contexto psicológico seudoespiritualista de ser “mejor persona”, porque esto último no deja de ser más que un consuelo a la falla de la muerte o un distractor emocional, ante el contundente llamado humano de transmutar no solo el alma, sino en consecuencia el cuerpo, la materia, la existencia, el universo… tal como los conocemos. Recuerda que todo está unido, y la “materia” física tiene su razón de ser.

Es importante aclarar que los Hombres Primordiales, me refiero a los habitantes del Paraíso o Jardín del Edén (ubicado en la Tierra hueca), encarnan y viven indefinidamente, y luego, como paso siguiente, Ascienden. También nosotros deberíamos ser como ellos, así de inmortales, pero por culpa de Jehová estamos condenados a un ciclo indefinido de muertes y reencarnaciones.
Nuestra verdadera naturaleza es la inmortalidad física (en el sentido expresado), y luego deberíamos Ascender al Reino Krístico como algo natural, es decir, al mismo Reino que Ascendió el Maestro Jesús. Y la Ascensión no significa muerte, sino todo lo contrario.
Para diferenciar la llamada “combustión humana espontánea” y el proceso de la Ascensión al Reino Krístico puedes ver las explicaciones brindadas al respecto en el artículo “Ascensión como medio de evolución” en la etiqueta “Ascensión” de este blog.

Después lo anteriormente descrito y la lectura de este artículo recomendado se habrá comprendido por qué estamos metidos en un ciclo de muertes y reencarnaciones, y por supuesto del que debemos salir.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Consulta: ¿Cremación o Velación?


Hola Sra. Denyse ¿cómo está? espero todo bien.
Este correo es para preguntarle su opinión respecto a la cremación. Es q he revisado opiniones de diferentes creencias esotéricas y  tienen opiniones diversas y como en sus páginas no lo mencionan me gustaría saber su opinión.
Lo que he leído hasta ahora es que al morir el alma no deja inmediatamente el cuerpo si no que, dependiendo del grado evolutivo de la persona, lo dejara en cierto tiempo, que puede incluso de años si tiene demasiado apego. Esto no es nada nuevo realmente y estoy muy de acuerdo con esta idea, otra opinión que recuerdo ahora es que según los libros de Allan Kardec ese tiempo se puede estimar en horas si el ser tiene una muy alta evolución y conocimiento del mundo espiritual mientras que los que no, tardan días semanas y así sucesivamente. Entiéndase que no necesariamente se refiere a grado evolutivo con personas malas egoicas hostiles y demás, sino simplemente con los apegos de este plano, conocimiento y aceptación del mundo espiritual, etc..

Hasta allí yo personalmente estoy bastante de acuerdo. El problema es el momento post mortem de que se debe hacer, ¿qué sería lo más correcto? una sepultura? o cremación? Quienes defienden la sepultura lo hacen con la intensión de que al morir sea un entierro con calma; no es apropiado para el cadáver que exista desesperación, miedo o llantos alrededor. Eso me parece totalmente coherente y estoy de acuerdo, pero luego afirman que no recomiendan cremación o extracción de órganos o similar porque como el alma no ha dejado el cuerpo, hacerle algo así, el alma lo sentiría y lo "lastimaría" si se vale la expresión... Lo cual desde esa perspectiva también me parece lógico, desconozco que tanto siento el alma su cuerpo luego de morir, aunque aprecian que al momento todavía hay cierto ligamiento con el cuerpo... he allí mi confusión
Por otro lado las personas quienes defienden la cremación, desde el punto de vista espiritual, lo hacen con la intensión de que al morir, uno lleva lastres negativos, malas vibraciones en el cuerpo y el fuego actúa de purificador, otro punto más que también me parece muy lógico.
En realidad ambas perspectivas me parecen correctas y me gustaría saber su opinión si hay algo más que estoy obviando o simplemente qué le parecería más apropiado a usted.
Gracias, un abrazo.

Hola P.:
Puedo darte solo un dato con respecto a la cremación: El incinerar el cuerpo físico después abandonarlo -desencarnar- influye en los cuerpos sutiles. Tengo entendido que con el fuego se logra "incinerar" en el astral al propio cuerpo emocional de la persona, con lo cual se le libera de sus parásitos emocionales y roles de la reciente vida. Por eso muchas personas de manera inconsciente buscan ser cremadas para que su alma pase de manera más directamente al plano mental llamado en el esoterismo el Devachán y que otros llaman "el sueño del alma", una especie de descanso temporal antes de la siguiente reencarnación.
Sin embargo para poder reencarnar conscientemente -y no solo arrastrado por su karma negativo- la persona al desencarnar debe mantenerse en el astral y en este sentido no le conviene la cremación a alguien que desee volver de manera urgente a este plano físico. Obviamente llegaría con todas sus cargas emocionales y por eso solo puede ser una elección realmente consciente si durante la vida anterior la persona limpió su alma de estos parásitos (que la mayoría no hace). Muchos no cremados sienten que en realidad no han muerto y se mantienen en astral hasta que este cuerpo sutil –el cuerpo astral- se descompone (muere), apegados a sus seres queridos o a lugares de su reciente encarnación, experimentando o reviviendo los dolores y circunstancias de dicha vida. Por eso cualquier opción que se elija no hace mucha diferencia si la persona no ha trabajado espiritualmente para elevar su conciencia.
Estos son los datos que poseo por ahora, pero dada tu inquietud y ya que es un tema recurrente, permíteme investigar más este asunto con un libro que recientemente adquirimos sobre la reencarnación de un autor en el cual hemos depositado nuestra confianza*. Cuando lo revise y confronte esto que te digo podré darte más apreciaciones o directamente recomendarte su lectura.
Un fuerte abrazo

*El libro en mención es “Reencarnación y Viaje Astral” de Ramiro de Granada.


Puedes enviarnos tu consulta a través del correo danangeluz@gmail

jueves, 6 de noviembre de 2014

Canalización: Espíritus Guías


Sesión realizada en el 2010



Canalización de Cris realizada por Denyse.
Interlocutor: Daniel Asamuya

Interlocutor:¿Estamos nuevamente?
Cris: Sí, hola. Estoy pensando que la palabra “entidad” suena algo frío, muy alejado. Para facilitar las cosas, y creo que ese es el sentido de los nombres, pueden llamarme Cris, y ya.
Interlocutor: Bien, bueno. Comenzamos. Un guía espiritual  ¿Está siempre con su guiado en todo momento del tiempo terrestre, o el tiempo no existe? ¿Hay momentos en que no esté con el guiado?
Cris: Sobre este tema de las entidades espirituales hay posturas distintas. Por ejemplo, podría decirse que yo soy un guía espiritual de Denyse, pero no es tan así; yo prefiero llamarle a eso una empatía espiritual.
Interlocutor: Ahá, sí, que están cerca para ayudarnos desde otro plano…
Cris: Sí, y existimos por grupos de amigos, grupos espirituales, grupos de trabajo, familiares… A nivel espiritual ‘como es arriba es abajo’, es muy similar. Hay varios espíritus afines, y algunos pares o tríos más cercanos que se pueden estar comunicando espiritualmente toda la vida, sin barreras por estar encarnado o no, como nos ha sucedido a Denyse y a mí; y a Daniel, que eres tú, con nosotros dos.
Entonces en estos casos, ¿quién es el guía de quién?... ¿Me entiendes? En otro momento pude haber sido quizás el padre de la entidad que llaman Daniel, o de Denyse, y ahora resulta que voy a ser el hijo, y entonces eso me pone en otro rol; pero cuando se encarna con una finalidad común espiritual de Servicio, las barreras se van rompiendo, son tan sutiles que no podemos hablar de que sean guías o guiados. Por eso todos somos guías en diferentes niveles y condiciones. En algún momento de nuestra línea evolutiva, a lo largo de vidas y vidas, hay momentos en que una entidad se vuelve guía de otra, pero en otros momentos puede ser viceversa.
De todas maneras, sí tenemos “hermanos mayores” o maestros, que podemos llamar guías también, y a medida que aprendemos de ellos, los asumimos como guías, porque somos nosotros los que voluntariamente asumimos eso; esa idea de que alguien nos asista toda la eternidad para que nos persiga y nos enseñe suena bastante acartonado y es rígido pensar de esa manera.
Todo se va dando en el ciclo de vida, y se van encontrando –nos vamos encontrando- unos con otros, vamos vibrando en la misma sintonía, bajo el mismo rayo de luz, de color, y esa empatía se va dando cuando en el recorrido de una encarnación encontramos personas, aparentemente por azar, pero que realmente operan bajo unas leyes muy hermosas de atracción espiritual. De la misma manera ocurre durante la línea evolutiva vida tras vida, y son las mismas entidades que pueden estar ahí con nosotros en todo este proceso.
El objetivo final es que nosotros encontremos nuestro propio Maestro interno. En todos los casos, nuestros guías se convierten en espejos de eso que queremos hallar en nuestro interior, en nuestro ser, nuestro Yo divino superior, que es nuestro gran maestro.
Interlocutor: Bien. En el momento –dice el consultante- que pienso en mi guía espiritual, bajo cualquier condición, ya sea en meditación o en la cotidianidad, ¿él escucha mis pensamientos? o ¿hay momentos en que le es más difícil?
Cris: Siempre escuchan si se les intenciona. Y pueden intercambiar conceptos contigo y tú tomarlos como si fueran tuyos, y no hay problema porque no hay protagonismo, y puedes pensar que son tus ideas, y realmente son las de esa entidad que está junto a ti.



Interlocutor: Dice… “Se entiende que un guía espiritual es un ser elevado, sin embargo, desde el punto de vista espiritual, desde el punto de vista de los guías, cuando están en su correspondiente plano, ¿los guías son formados en el mundo espiritual, entrenados para guiar, o no es necesario? ¿El guía escoge a la persona a la cual guía, si no, cómo se establece ese criterio, por afinidad espiritual, por vivencias similares?
Cris: El problema es que estamos pensando que hay alguien que interviene y decide por nosotros para elegir nuestros guías, alguien que dice: ‘este va a ser tu guía’, como si fuese una especie de decreto o de ley; el problema es que estamos tan estructurados mentalmente a creer que nuestros guías son como unas especies de enviados o maestros y que hay un orden de leyes que estipulan ‘este te corresponde a vos y este no’, que nos cuesta entenderlo, nos cuesta ver que es asunto de familiaridad y empatía simplemente.
Es difícil comprenderlo porque ya tenemos un preconcepto ahí. Yo puedo decir que gracias a que yo no he leído muchas cosas que Uds. han leído, soy un poco más liberado de ese preconcepto, me siento un poco más libre en afirmarlo.
Interlocutor: O sea que cuando tu madre actual (embarazada de la entidad) lee lo que estudia, ¿Va pasándote todo a ti como guía?
Cris: En este momento no estoy siendo condicionado por la educación de mi madre; no quiere decir que espiritualmente no pueda compartir conceptos con ella; yo percibo y entiendo lo que piensa ella y puedo no estar de acuerdo. Por ahora tengo la voluntad de elegir con qué estar de acuerdo y con qué no. Una vez esté condicionado al plano físico va a ser más difícil, posiblemente voy a recibir una educación, y voy a depender más del grado de conexión espiritual que pueda tener estado encarnado.
Es una experiencia y la tengo que mirar cómo sería, confrontar lo que espiritualmente siento dentro de mí que es verdad, con la verdad propia de un ser que ya tiene un recorrido y unos preconceptos establecidos en la encarnación presente, como es el caso tuyo y el de ella, que han estado bajo la influencia de teorías, paradigmas, creencias; como le pasa a quien está preguntando en este momento, que está condicionado por el preconcepto de un grupo espiritual, y entonces su pregunta se sustenta en su ideología - dando por hecho de que a nosotros nos asignan guías-.
De eso es lo que invito a liberarse. Lo digo sin escrúpulos, sin temor alguno, porque debe ser así. Para Uds. es más difícil porque Uds. han estado inmersos en el paradigma, pero para mí no, porque no estoy comprometido con ellos.
Interlocutor: ¿Es posible que una persona pueda tener contacto con su guía, hay alguna técnica que permita a las almas, y sobretodo a la parte encarnada en proceso de aprendizaje, relacionarse aún más con su guía?
Cris: Todos los seres que están en el plano físico, y tienen entidades cercanas espirituales, llámense guías o no, que estén transmitiéndole ideas, apoyándolos emocional y mentalmente en sus conceptos, en fin, todos tienen esa posibilidad, absolutamente todos, aunque también depende mucho del nivel evolutivo (facultades despiertas).
Si nosotros somos seres que estamos buscando de alguna manera encontrar la verdad interior, encontrar la paz, la armonía, la sabiduría, la Luz, queremos prestar Servicio, en fin, estamos tratando de ascender por el camino que consideremos correcto, vamos a tener guías de esa misma especie.
Pero si nosotros estamos dormidos, estamos siendo manipulados por nuestros roles del ego, estamos sumergidos en el mar de nuestras emociones del bajo astral que están sustentadas en el miedo, en el temor, en la falta de amor propio, pues vamos a encontrar seres que nos van a estar reforzando esa actitud emocional y esa actitud mental, y van a estar ahí pegados a nosotros reforzándolos.
Sin embargo siempre vamos a estar más conectados con los primeros. Los “guías” que estamos en la Luz y en el Servicio, tratamos de lanzar ideas y se reciben mejor si el guiado está en la tónica. No es que una entidad de Luz esté pegada a otra que está sumergida en la oscuridad diciéndole ‘por favor sal de ahí, sal de ahí’… No necesariamente; porque la gente encarnada no siempre va a poder escuchar, y menos si está en esos estados emocionales densos, donde el ser humano es sordo y ciego. Así es absurdo insistir. Si haciéndolo como encarnados no nos escuchan, mucho menos desde un plano espiritual, para el cual suelen estar cerrados, desconectados de su propia psique, con sus habilidades intuitivas y síquicas totalmente obstaculizadas.  La persona encarnada en esos casos tendría que empezar por despertar su intuición y su capacidad de canalizar su alma mínimamente para poder percibir alguna idea luminosa que la saque del estado en que se encuentra.
Ahora, si posee capacidad canalizadora, puede haber más esperanza. Eso le sucedió a Denyse, cuando estuvo en sus estados más densos, sus estados de prueba; tenía ese “hilo” que la conectaba por momentos y la sacaba a la superficie nuevamente; pero no le sucede a todos, desafortunadamente…
En el caso de otras personas que quizás no tengan esta conexión síquica, se necesita más de las personas encarnadas, con las cuales se confronte y se enfrente para salir de esos estados; entonces estos también van a ser sus guías. Todos los seres que estén a favor de la evolución del ser humano pueden ser guías. Seríamos unos seudo-esotéricos, si nos ponemos en el plan de querer conectarnos con nuestro guía espiritual sin ni siquiera damos cuenta que a nuestro alrededor nuestra madre, nuestro padre, nuestro propio hijo o nuestro propio compañero de trabajo está realizando ese rol de guía espiritual para con nosotros.
Interlocutor: Esa estaría respondida. Dice otra pregunta: “¿Qué sucede cuando un guía logra guiar exitosamente a una persona, y qué sucede desde el punto de vista del guía, es decir, para él, cuando no logra guiar a esa persona?”
Por ejemplo, si un padre ha logrado guiar a sus hijos en algunas cosas, pero en otras no lo puede hacer…si no se es exitoso siempre.
Cris: Es distinto cuando se tiene un rol de padre porque además de la guía existe la intención responsable de conducir; hay una responsabilidad y un compromiso. No quiere decir que un guía no quiere comprometerse, no quiera hacerse responsable, pero es un poco distinto; una cosa es ser tutor, padre, tener una autoridad relativa sobre alguien porque está en formación y crecimiento, y en el plano físico hay mayor dependencia porque hay muchos factores de los cuales los seres tienen que depender para poder subsistir en el plano físico, no solamente la educación sino también la alimentación y una cantidad de cosas; y en ese sentido cuando se es padre o madre, se asume un nivel de responsabilidad mayor por todos estos factores que implican el estar encarnado.
Pero cuando se trata de un consejo espiritual, una guía espiritual, en la que ya de por sí existe un límite, esa barrera entre lo físico y lo astral, no podemos adentrarnos mucho o lograr un cambio en alguien realmente. De hecho espiritualmente no está concedido –por un asunto ético- el hecho de que vamos o tengamos que hacer que otro cambie, no es posible eso; por lo tanto, si no podemos esperar eso no debe haber ninguna frustración, a menos que la entidad que se presente sea una entidad manipuladora, controladora, con unas gran necesidad de poder o dominio sobre el otro, que también existe en esas esferas, pero en ese caso no sería una guía sino una influencia nefasta; ¿se entiende la diferencia?
Y cuando un guía, digamos, es un poco más despierto, alguien de mayor conciencia, mayormente no está esperando un cambio, simplemente está brindando su mano amorosamente, está diciendo aquí estoy yo por si me necesitas, te doy mi opinión por si la quieres tomar, te comparto mi experiencia por si la quieres tener en cuenta y aplicarla a tu vida, a tu propia experiencia personal; nada más, entonces no hay frustración, no puede haber frustración. El otro ser, que está recibiendo ese apoyo, esa mano, tiene la libre voluntad de apoyarse en esa mano o no tomarla, y no va a pasar absolutamente nada, excepto que para el otro vaya a ser más difícil confrontar su vivencia personal si no escucha consejo. Y como se dice: ‘el hombre entre más sabio e inteligente, más en cuenta tiene el consejo y la experiencia ajena’; porque es capaz de vislumbrar o proyectar esa experiencia en el otro y decir ‘a mí puede sucederme lo mismo y puedo evitarme un dolor, o ahorrarme todo un recorrido de experiencias difíciles si hago caso a todo esto que me están diciendo’.
Pero escuchar consejos de planos espirituales a veces es muy difícil que se tomen de manera consciente. Vuelvo y repito, si la persona no tiene una apertura síquica y no puede conectarse con esa otra voz, o esas otras voces que le dicen ‘cuidado, ponte atento, despierta, date cuenta, cambia’, solo hará caso a lo que su criterio analítico le dicte, su lógica o su propia energía emocional lo arrastre a hacer, y desafortunadamente la mayoría de los casos es así.
Interlocutor: En el transcurso de la vida de una persona, ¿su guía puede ser reemplazado por otro guía?; si es así, qué hace que un guía sea mejor que otro para determinado momento.
Cris: No hay reemplazos porque no hay asignación.



Interlocutor: Perfecto. Seguimos. “Un alma distinta a la guiada, que está en proceso de aprendizaje, puede hacer contacto con otro guía que no sea el suyo, por ejemplo, yo puedo ser escuchado por el guía de un familiar e incluso recibir consejo de ese guía ajeno; o ¿este concepto de individualidad no existe en el plano físico?”
Cris: No.
Interlocutor: Bien. Hay dos preguntitas más pero vamos a cortar, ¿sí? O sí puedes responderlas …
Cris: Vamos a suspender.
Interlocutor: Bien. Gracias.